Mencía,

la joya tinta por descubrir

 

Texto: Rosa María González Lamas. Este texto publicó en Divinidades de Viajes & Vinos el 19 de agosto de 2006. Prohibida su reproducción sin autorización. Fotos propiedad de Viajes & Vinos (C). Estas fotos y este texto están abrigados por derechos de autor y cualquier reproducción o descarga de imágenes para un uso que no haya contado con el consentimiento de Viajes & Vinos es ilegal y pudiera estar penalizado legalmente. Absténgase de descargar imágenes.

 

 

 

 

 

En la esquina noroccidental de España, entre Galicia y Castilla León, ubica el reino de la mencía. La uva mencía es la variedad principal del Bierzo y está presente en todas las denominaciones de origen gallegas, aunque sea quizás más emblemática en Valdeorras y la Ribeira Sacra. También tiene presencia en Portugal.

 

¿Qué tiene esta cepa, hasta hace poco bastante menospreciada, para que en los últimos años haya venido seduciendo a más y más grandes hacedores del vino en España, que poco a poco han ido a buscarla a sus territorios, llegando incluso a señalar que es una de las joyas varietales españolas que recomendarían llevar a otro planeta si llegara el fin del mundo?

 

El conocer que encierra un enorme potencial y el reto de sacar al proscenio todas las posibilidades que esconde para hacer grandes vinos con personalidad. Vinos llenos de matices, con buena capacidad de envejecimiento, y con una gran expresividad del terroir lleno de historia que les acoge.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Viñedos en escarpadas pendientes en la Ribeira Sacra. A la izquierda, en el cañón del Sil. A la derecha, en el río Miño.

Fotos propiedad de Viajes & Vinos, Inc. Prohibida su reproducción

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un cultivo como de ave fénix

 

No es algo nuevo. El origen de la mencía se pierde en la historia, y aunque historicamente no ha sido atrevido afirmar que fue una de las primeras cepas de uva introducidas en la península ibérica, las investigaciones sugieren que fue una cepa introducida luego de la filoxera pues no hay constancia de menciones a la cepa en literatura previa a la filoxera.

 

En cualquier caso, ya desde tiempos remotos, las zonas donde hoy reina la mencía se destacaban por el ir y venir de legiones romanas que plantaron las primeras vides y construyeron lagares, siendo desde entonces zonas de gran tradición vitivinícola. Por la Vía Romana se supone se trasladaba el vino producido en algunas de esas tierras a la Roma Imperial, para disfrute de los emperadores. Referencias a las viñas del Bierzo y Valdeorras aparecían ya hace dos mil años en citas del romano Plinio. Al declinar el imperio, también lo hicieron las viñas.

 

El renacer y la mayor expansión llegó con el desarrollo de los monasterios medievales, para los que el vino era no sólo elemento de culto, sino también producto esencial de la alimentación. Los monjes introdujeron nuevas técnicas de cultivo y elaboración. Al resplandor de los monasterios, se unió el refulgir del camino de Santiago, al amparo del cual, se fueron extendiendo las viñas y el vino comenzó a cobrar una especial importancia. Ya los primeros peregrinos a Santiago contaban de las excelencias de los caldos producidos en la ruta. En zonas como Valdeorras, el vino fue un bien preciado, moneda de cambio, de pago de impuestos y también de pago de milagros ante los santos de la comarca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A fines del siglo XIX, no obstante, la filoxera cambió el panorama, acabando con muchas de las vides y provocando una fuerte crisis económica que provocó incluso la emigración de muchos. Pero además de personas, ocasionó la pérdida de muchas variedades autóctonas españolas, cuya recuperación no ha venido a darse, sino hasta recientemente.

 

La mencía fue una de las variedades tintas que se cultivaban en ese noroeste peninsular, pero que en algunas zonas, como Valdeorras, no comienza a mencionarse sino cuando ataca la filoxera.

 

El cultivo de vid se restableció durante la primera mitad del siglo XX. Pero las consecuencias de la guerra civil española entre 1936 y el 39 sumieron a muchos viticultores en una profunda pobreza, que les llevaron a emigrar, sumiendo nuevamente en el abandono a muchas de las viñas, como fue el caso de muchas en la Ribeira Sacra.

 

  

¿Cómo es la Mencía?

 

La mencía genera vinos de intenso color frambuesa, aromas intensos a frutas, pero también delicados a flores, buenas dosis alcohólicas, buena acidez y posibilidades de crianza. Aunque en algunas zonas como el Bierzo, la Ribeira Sacra o las Rías Baixas, hasta hace poco los tintos a base de mencía eran más bien vinos ligeros, prontos para beber, y de baja graduación alcohólica, poco a poco han ido transformándose, especialmente en el Bierzo y la Ribeira Sacra, en vinos que buscan sacar a flote toda su potencia, la expresividad del terruño, y la buena capacidad de envejecimiento que está demostrando tener la mencía, añadiendo crianzas en madera más prologandas. Esto está propiciando un renacer de esta cepa, que estudios recientes asemejan mucho con la Cabernet Franc, de ahí que algunos vinculen su origen con Burdeos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uva muy sensible, el cultivo de la mencía se destaca predominantemente en zonas de montaña, y por este hecho su maduración tiene mucho que ver con la orientación al sol y altitud a la que se ubican las viñas. En varias de las denominaciones se cultiva en bancales y terrazas, aunque también en vaso, para las viñas más antiguas, y en espaldera, para las de nueva plantación.

 

El Bierzo, por ejemplo, es la denominación española de características más francesas. Su geografía y la de otras de la mencía, como Valdeorras o Ribeira Sacra, se caracterizan por grandes contrastes geográficos, profundas cuencas fluviales, alienaciones montañosas y diferencias marcadas entre sus zonas altas y bajas, lo que se refleja en sus vinos. Las características orográficas de algunas de sus zonas, crean microclimas mediterráneos.

 

Suelos minerales de pizarra, pero también arcilloso-limosos se destacan en los territorios de la mencía. El sustrato marca la mineralidad del vino, y resalta también las diferentes expresiones y concentraciones de la fruta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El renacer de la Mencía

 

Aunque hay mencía en Monterrei, Ribeiro, las Rías Baixas, Asturias, Cantabria y hasta Toro y Cataluña, los territorios donde predomina son el Bierzo, Valdeorras y la Ribeira Sacra. El más reciente renacer de la mencía tiene mucho que ver con la llegada de Alvaro Palacios al Bierzo, y de una nueva generación de enólogos, muchos de formación francesa, que están sacando partido a los climas atlántico y mediterráneo que propicia la orografía, a la diversidad de un suelo primordialmente mineral, pero sobre todo a unas cepas viejas, que aún tienen mucho que regalar.

 

A todos, que terminaron de dar impulso a una inquietud por vinos diferentes que ya había comenzado a manifestarse entre algunos bodegueros del Bierzo, los guía la búsqueda de vinos de un corte más internacional, con una mencía que de frágil, tibia y de altos rendimientos ha pasado a transformarse en una que produce vinos intensamente concentrados y potentes, con toda la evidencia de la fruta fresca y, sobre todo, una gran elegancia en su alta expresión.

 

Algunos de estos nuevos exponentes de la mencía incluyen a Ricardo Pérez Palacios, Raúl Pérez Pereira, Amancio Fernández, Gregory Pérez, Eduardo García y Sara Pérez.

 

  

¿Dónde hallar mencías?

 

Del Bierzo:

Casar de Burbia (Vinos Selección, PR), Cuatro Pasos (La Enoteca de Ballester, PR; Felipe Motta, Panamá), Encomienda Templaria (Cien Vinos - Quintana Hermanos, PR), Corullón y Pétalos (Plaza Cellars y La Boutique du Vin, PR), Dominio de Tares (Méndez, PR), Hombros (Vinos Selección, PR), Paixar (V. Suárez, PR), Pittacum (La Enoteca de Ballester, PR), Terras Cúa (La Bodega de Méndez, PR), Tebaida (Vinos Selección, PR), Tilenus (Serrallés, PR), Valtuille (Bodegas Compostela, PR)

 

De la Ribeira Sacra:

Dominio do Bibei (El Palacio de Hierro, México), Algueira y Guimaro (Bodegas Compostela, PR).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bancales

 

Los bancales son un método de siembra en terrenos en pendiente que se remonta a los romanos que habitaron la zona. Los bancales, conocidos por algunos como socalcos, buscan contener la tierra para que no descienda al río, aprovechar el agua de la lluvia y maximizar los reflejos del sol en la tierra, proporcionando calor y luz a la planta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En zonas como la Ribeira Sacra, muchos bancales datan de la época de los romanos, y se están recuperando a medida que nuevos viticultores entran al panorama, y comienzan a rescatar los que están escondidos bajo el denso follaje de árboles que hoy los cubren, luego de su abandono hace décadas. Pero también hay algunos que se han dado a la titánica tarea de construir nuevos bancales, un proceso arduo, lento y muy complejo, que sólo demuestra el nivel de compromiso con la vid y el vino.

 

Éste es el caso de Finca Míllara, un proyecto en la zona de Chantada en la Ribeira Sacra, de la mano de Alejandro Luna, una de las manos enológicas detrás de Paixar y Luna Berberide

 

 

El suelo de su viña, de granito y pizarra, requiere de un inmenso taladro que poco a poco va penetrando la piedra y sacando la tierra mineral, por donde las raíces se meten entre la pizarra blanda y húmeda. Los canteros van poco a poco haciendo el muro del bancal con la piedra extraída, a la cual una vez colocada, se remueven los bordes protuberantes y el escombro. Antes de sembrar cualquier vid, el nuevo bancal debe dejarse asentar por aproximadamente un año para que la lluvia no cree desbalances y se asegure la muerte de todo insecto o parásito que pueda existir en el suelo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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