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Las Azores son una de las 14 regiones vitivinícolas de Portugal, y la DOC Pico, una de las 31 denominaciones de origen controladas lusas.

Esa larga historia vitivinícola isleña se enlaza con la tinta con que empezó a redactarse la historia de Czar, que se remonta al siglo XVII cuando las viñas del poblado de Criação Velha se plantaron en 1690 en Pico. Apenas unas décadas después ya los religiosos documentaban la excelencia de los vinos de la isla, no sólo como buenos vinos sino “simplemente los mejores”. Tan excelsos eran esos néctares que en 1797 los vinos de cosecha tardía se sirvieron en un banquete en honor del Príncipe y Gran Señor de la Soberana Orden de Malta, una de las más antiguas instituciones de la civilización cristiana y occidental y para 1820 ya habían conquistado a tal punto el paladar de los zares rusos que ese año nada más adquirieron 23,250 litros de ese cautivante cosecha tardía azoriano y hasta mandaban sus barcos hasta las Azores a buscar su tan deseado vino dulce de Pico.

Pero esa historia de refulgente ascendencia se vería forzosamente detenida a mediados del siglo XIX, cuando la filoxera atacó los viñedos de Pico, decimándolos, lo que paralizó la producción de aquel célebre vino que conquistara los paladares regios, ya que las variedades de uva Verdelho y Terrantez que protagonizaban las viñas que eran la génesis de aquellos cosecha tardía, se reemplazaron por variedades más productivas, lo que hizo que aquellas joyas vínicas se quedaran sin materia prima para continuar elaborándose y poco a poco fueran pasando al olvido, algo a lo que también contribuyó la Revolución Bolchevique y el fin de la era zarina, que reveló que en las cavas de los Romanoff había grandes cantidades de los dulces cosecha tardía de la Isla do Pico.

La Verdelho es una variedad autóctona portuguesa, que por mucho tiempo se presumió una adaptación de la Verdicchio italiana llegada a la Isla de Madeira donde se plantó en el siglo XVII, pero que análisis de ADN más recientes sugieren es un cruce entre la Savagnin Blanc (Traminer) y otra variedad desconocida. Es una variedad que produce vinos blancos neutros, ricos en alcohol y acidez y que también se cultiva en varias islas de las Azores.

La Terrantez do Pico es una variedad blanca autóctona de Portugal, caracterizada por su aromaticidad y elevada acidez, con bajos rendimientos, lo que hizo que su cultivo se fuera abandonando, pero capaz de dar vinos muy complejos, profundos, minerales y salinos, aunque con menor tenor alcohólico que otras variedades cultivadas en la Isla.

Pero si la filoxera se llevó de frente la mayoría de las uvas cultivadas en la Isla, en Pico quedaba aquel viñedo de Criação Velha, donde se mantuvieron ambas variedades y también la Arinto dos Açores plantadas en las hendiduras de la lava volcánica y protegidas del viento y mar oceánicos con una especie de murallas que convertía a cada cepa en un cubículo vitícola, una especie de minúsuclo “clos”, conocidos en la Isla como “currais”. Una plantación singular que en 2004 le mereció a estas viñas el reconocimiento de la UNESCO como espacios Patrimonio de la Humanidad.

Todo cambió en 1962 cuando José Duarte García, un profesor que soñaba con retomar la elaboración de aquel afamado vino de cosecha tardía que conquistara a la realeza internacional en épocas pasadas, adquirió por el equivalente de cinco euros las dos y pocas hectáreas de la viña de Criação Velha, dando inicio a una nueva era para aquel vino dulce que, conforme al compromiso contraído con el colega que le vendió el terreno, comenzó un renacer. Pudiendo bautizarse con cualquier nombre de monarca, rey o emperador, prefirió llamarse simplemente Czar, una selección tan natural como la elaboración del vino, resultado hallar documentación sobre las exportaciones a la corte de los zares rusos.

Con 1970 llegó la primera venta de la nueva era de Czar, un vino entre seco y dulce, fruto íntegro de las cualidades de las uvas y el terreno volcánico que le forjan, y al que no se le añade ni alcohol, ni azúcar, ni levaduras, sino que nace de manera espontánea y natural como vino de vendimia tardía que puede llegar a alcanzar de forma natural un porcentaje alcohólico que puede superar los 18 grados, y cuyo ensamblaje depende de las condiciones climáticas de cada añada y el punto de maduración que puedan alcanzar las uvas. Esto significa que no todos los años se llega a producir. Los racimos se deshojan poco antes de la vendimia, con el fin de asegurar la correcta maduración.

Casi dos décadas después la historia del vino comenzó un nuevo capítulo con la integración a la empresa de Fortunato, hijo de José, con el objetivo de volver a situar a este vino histórico en la escena internacional. También profesor, desde niño había acompañado a su padre a las viñas, involucrándose primero con el proyecto de su padre para hacerse cargo de él a la muerte de éste en 2007.

Introdujo algunos cambios como el de prolongar el envejecimiento del vino para hacerlo más complejo, pero manteniendo las enseñanzas y tradición aprendidas de su padre sobre su elaboración. Tras extraer el mostro de las uvas pasas, el vino fermenta durante ocho a diez meses en barricas de 225 litros y tras culminar el proceso se remueven las lías y se rellenan las barricas para que el vino duerma con paciencia en estos recipientes, un proceso que culmina a los ocho a nueve años de su vendimia, lo que contrasta con los tres que dejaba su padre.  

Con un prestigio recuperado, Czar recomenzó a hacerse un hueco en el mundo del vino, primero con reconocimientos en concurso vinícolas, luego con ventas agotadas y en 2011 con el regreso a Rusia y más distinciones a sus botellas, que se convirtieron en patrimonio de las Islas Azores y continuaron cautivando los paladares de la crítica de vinos internacional.

Sonriente, apasionado del legado familiar y de hablar vertiginoso, Fortunato explica que el cultivo de la uva preserva prácticas agrícolas centenarias, tradicionales y sostenibles que permiten mantener intacta la esencia del vino. “Czar es el mayor productor de Verdelho centenario y también ponemos al vino algo de Arinto das Açores de las parcelas más cercanas al mar porque resiste mejor”, detalla.

De la etiqueta inicial diseñada por José a las botellas del Czar de hoy hay un abismo de estilo y elegancia, que ha envasado los vinos más recientes en botellas estéticamente hermosas como las de perfumes y que también inspiran las de los grandes rones, vinos de Oporto o aguardientes de Cognac.

Pero más importante que la imagen es el contenido, que, guiados por Fortunato permitió recorrer varias añadas de esta joya líquida ambarina, de producción escasa y con la mayoría de sus añadas totalmente agotadas.

Apenas 863 botellas se envasaron del Czar 2013, con notas salinas, cítricas, especiadas a jengibre y con algo de toffee, pero cargado de finura. El secreto está en el paladar donde impera una finesse mayúscula, en un vino sedoso en boca, plácido, persistente y a la par sumamente sutil.

Czar 2014, del que se elaboraron 998 botellas, en contraste con la añada previa tuvo un cuerpo más robusto y mayor sensación dulce, resultado de sus 19.2% grados de alcohol, sin fortificar, y 36 gramos de azúcar residual, compensados con un 9.77 de acidez total. Y es que esto es el secreto en boca de Czar, una danza entre acidez, dulzor y alcohol, un misterio de equilibrio entre esta trilogía de elementos. Esta añada de 2014 fue seleccionada en 2023 Vino del Año por la Revista de Vinhos en Portugal.

Mucho más limitada fue la producción de Czar en 2015, con apenas 665 botellas y un rendimiento de apenas 100 kilos de uva por hectárea. La uva se fermentó pasificada y mostró una mayor complejidad aromática con notas cítricas a naranja y cáscara de limón, toffee y una boca camaleónica que entró al paladar con delicadeza y estalló para revelar un vino más potente, pero con un pase untuoso, salino, con mayor volumen y potencia, tonos torrefactos y especiados que aparecieron con contundencia en el retrogusto, terminando con un largo final. Este vino lleva el descriptivo de Vino Amoroso, una designación que puede utilizarse cuando los vinos superan los 40 gramos de azúcar residual por litro.

Además de este vino licoroso, el proyecto elabora vinos blancos y también un dulce llamado Czarina, en honor a la madre de Fortunato.

A pesar de estar agotadas en su mayoría, hace unos años esta bodega sacó de su reserva familiar en barrica unas 80 botellas del Czar 1999, la añada predilecta de José Duarte Garcíam que entregó un vino semi seco, con 48 gramos de azúcar residual por litro y una alta acidez total de 9.29 gramos.

Como en otros proyectos de vino, y además si son artesanales como éste, el reto de supervivencia es la transición generacional y preservar la dinastía de enseñanzas de este vino histórico.  

En 2008 se creó la Asociación de Vinhos Históricos de Portugal, de la que este proyecto forma parte y reafirma que la uva, la tierra y la familia son el imperio en Czar.

 

23 de julio de 2025. Todos los derechos reservados ©

 

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En las Azores danzan a dúo el mar y el volcán, el silencio y el viento sonoro, el dulzor y la acidez, el alcohol y la paciencia del tiempo, el pasado de las viñas viejas y el futuro de una historia recuperada, resumido todo en sorbos de Czar.

No se trata de exprimir a los extintos monarcas rusos o de los aspirantes a resucitar su trono, sino del tabernáculo azoriano del vino y de uno que hay que asegurarse de vivir como eucaristía antes de morir.

De las Azores a Moscú o San Petersburgo hay unas 2,900 millas de distancia, pero de este Czar de las Azores a experimentar la opulencia que rodeó a los zares rusos el trecho se mide en una gota de vino. Libación apenas por su muy cotizada escasez y distinción como uno de los vinos más singulares, exclusivos y costosos de Portugal.

Ubicadas en el Océano Atlántico norte a unas 900 millas al oeste del Portugal continental, y con un clima templado, oceánico y subtropical, las Islas Azores son un archipiélago de origen volcánico y belleza salvaje que pertenece a ese país y cuenta con una enorme riqueza paisajística y natural, que incluye plantaciones de té y de vid.

Con una historia que se remonta a sus orígenes volcánicos hace millones de años, fueron los portugueses quienes descubrieron y colonizaron las Azores en el siglo XV y durante la era de los viajes de exploración por el mundo. Su posición geográfica las transformó en un punto estratégico para el comercio, el transporte y la defensa, siendo durante siglos punto de escala de los navíos que transitaban entre Europa y América, lo que también las hizo muy apetecibles a los piratas y corsarios que en los siglos XVI y XVII buscaban interrumpir las rutas comerciales y saquear sus riquezas. En el siglo XX adquirieron importancia geopolítica militar durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.

Entre las islas centrales del archipiélago se sitúa Pico, la segunda en dimensión de las Azores y la más volcánica del conjunto de islas. De ahí que por el color de los suelos basálticos se le apode isla negra, un color que contrasta con el turquesa del mar y el verde de sus montañas, entre las que se destaca la que da nombre a la Isla, que, con 2,351 metro de altitud, es la más alta de las Azores y también de Portugal.

Esa riqueza natural, sus microclimas y la fertilidad de sus suelos volcánicos propiciaron que en los siglos XV y XVI en la Isla do Pico se extendiera la industria vitivinícola, creando con ella uno de los ciclos económicos de la Isla.

Czar: monarca de las Azores

 

Texto: Rosa María González Lamas. Fotos: Viajes & Vinos, Czar y The Morning Claret ©