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A pesar de haber nacido en esa casa y de haberse criado en el vino y el Douro, Fernando estaba determinado a salir de allí. Así que con 18 años se convirtió en una especie de “coelho-conejo malo” y se despidió de ese entorno con muros de piedra, naranjos que te dan la bienvenida y una paz rota apenas por el piar de los pájaros, para dedicarse al teatro, a la fotografía, a la música, a un mundo artístico al que a fines de los años 90 del siglo pasado determinó dar un giro radical, para a sus casi cuatro décadas regresar al Douro familiar, estudiar enología y hacerse cargo de la Quinta de Tourais.

En los entresijos de esa historia se cruzó en su camino Liliana, cuyo abuelo también había sido productor de vino, pero en el Dão y quien, como Fernando, al inicio renegaba de sus orígenes vinícolas, hasta que a partir de los 25 años empezó a interesarse por el vino y más tarde también por Fernando, claro está.

Para expandir miras en su quehacer enológico, juntos decidieron emprender alrededor de 2017-2018 un largo viaje de estudio por Galicia y el Bierzo, dadas las similitudes que en muchos aspectos le encontraban a este territorio con el Douro. Este recorrido les reveló una filosofía a contracorriente de lo que entonces se acostumbraba a hacer en esta región portuguesa, exponiéndolos a vinos más ligeros y con menor extracción, más atlánticos por decirlo de alguna manera, lo que les inspiró a decidir que la recuperación de los vinos leves que antaño se hacían en el Douro y que se fueron perdiendo era el “way-to-go” para continuar la ruta de la Quinta de Tourais.

Así se forjó una nueva era para un proyecto con una personalidad diáfanamente definida. Primero, vinos que son reflejo del territorio donde ubica la bodega, la subregión del Baixo Corgo, donde es posible conseguir frescura sin altitud dada la circunstancia de ser la zona más occidental y atlántica del Douro. Segundo, innovación con ingenio y atrevimiento en el uso de las variedades de uva, de ahí que haya algunos vinos amparados en la DOC Douro y otros no. Tercero, vinos eminentemente gastronómicos y que irremediablemente invitan a la siguiente copa. Cuarto, un proyecto que busca su futuro en el pasado. Quinto, dos intérpretes que saben escuchar a la perfección lo que les dice la viña cada año. Y, por último, vinos que pretenden ser lo que debería de ser el vino: un objeto de disfrute, que invite y que hable por sí mismo sin precisar de mucha verborrea al contar historias o de erudición en la cata.

Keep it simple? No, keep it easy para el consumidor, ya que hacer el vino no es fácil, porque la sencillez es una de las cosas más complejas de lograr. Pero para conseguirlo están Lili y Fernando, una pareja que toma decisiones en familia y el trabajo, pero que se deja guiar a rajatabla por lo que les susurra la viña a la hora de elaborar.

Todos los cultivos son orgánicos y el eco del suelo se siente en la uva, con mayor o menor concentración según en qué punto de la viña se cultive. Para colección de uvas, la parte derecha del viñedo, la viña del abuelo, donde hay un ramillete de unas 40 variedades entremezcladas. Muchas variedades tradicionales del Douro, como Touriga Nacional, Tinta Cão, Tinta Roriz, Sousão, pero entre sus ocho hectáreas también otras menos vistas, como la Baga o la Jaén, e incluso hasta la Pinot Noir.

La carretera que se entremete entre casa y viña es una ruta que se recorre temprano en vendimia, ya que sólo cosechan uva temprano en el día. Toda la viña es biológica y está certificada como tal, y en bodega la mínima intervención rige a la hora de fermentar. Todo fermentación espontánea, sin levaduras añadidas, y hasta la clarificación se realiza con huevos de gallinas criadas en casa.

Cada año cambia totalmente la partitura del vino, redactando historias embotelladas totalmente dictadas por las características de la añada y su impacto en viña y uva. Se hacen fermentaciones diversas y luego se espera para ver cuáles de todas aquellas elaboraciones tienen potencial para ir determinando poco a poco el devenir de los vinos.

“El Douro es un paraíso para un enólogo por la gran diversidad de variedades, altitudes y exposiciones solares, porque más que un Douro, en realidad son muchos Douros”, dice Fernando, quien añade que las cosas con las que más se identifica tienen poco que ver con el Douro más tradicional.

De ahí que Quinta de Tourais sea una especie de atelier donde se confeccionan a la medida muchos diseños de poca producción, que pueden variar de año en año. Unas 15 mil botellas anuales repartidas entre unas diez a doce marcas, algunas de producciones minúsculas, en la mayoría de las cuales el primer imán de placer te lo da la hiper llamativa rotulación, concebida para enganchar con diseños modernos, eclécticos, desenfadados y totalmente distintos a los más tradicionales que se hallan en las estanterías del vino y que tienen el fin de que no la olvides.

La bodega va ayudando a que cada conjunto de uvas siga su ruta según lo que se quiera expresar. Los lagares de granito antiquísimos conviven con las ánforas de barro, los envases de vitrocerámica, los depósitos de acero inoxidable o las barricas de roble. En la viña comienza el coqueteo que continúa ahí, en la bodega, y termina en la botella, donde hay romances de distinto perfil con los espíritus de la familia.

Los más importantes son con Lili y con los toros. Porque Tourais viene de toro y dice la historia que Toronius era un pueblo celta y, en la mitología Coelhana, el abuelo de Fernando afirmaba con convicción haber visto un hombre-toro.

Irónicamente, se pensaría que ese nombre anticiparía vinos robustos, capaces de embestir, pero nada más lejos de la realidad. Miura es una raza de toro y el nombre escogido por la pareja para bautizar una línea pensada para compartir con los amigos en distintas claves de expresión.

El tono naranja de la etiqueta refleja lo que es un Miura Douro Curtimenta 2023, un blanco elaborado con pisa a pie y fermentado con hollejo, al estilo Orange wine, uniendo Viosinho, Rabigato, Gouveio y Esgana Cão (Sercial), quedando el vino con un punto fresco y meloso. Toros que no embisten y tienen otra línea en el paladar.

Del naranja se pasa al azul para una trilogía en que dos de los Miura son monovarietales. El Miura Douro Jaén 2022 es el puente vitícola entre el Dão y ese noroeste atlántico español donde se conoce a esta variedad como mencía, pero muy rara de hallar en el Douro. De nariz con recuerdos a fruta escarchada, fresa, frambuesa y una boca muy golosa, fresca y sápida que invita a seguir bebiendo, éste es un tinto que realiza su fermentación en barrica abierta y luego pasa doce meses en barrica usada de roble francés antes de pasar a depósito de acero inoxidable la siguiente vendimia para entregar un vino afrutado, fresco, ligero y muy atlántico. Las viñas son jóvenes, no pasan los diez años, y en convivencia con la Jaén hay un 10% de Tinta Cão.

Más presente está la Baga, que algunas bodegas del Douro comienzan a elaborar en solitario, como es el caso de Quinta de Tourais con su Miura Baga 2023, un vino de bajo tenor alcohólico, apenas 11.5 grados, que fermenta en barrica abierta, tiene una mínima crianza y en boca se muestra como un vino fresco, ligero, afrutado y con notas terrosas. Baga también de cepas jóvenes, de la que 30% fermenta con racimo entero en depósitos de acero inoxidable, tras tener muy poca maceración. El vino envejece 12 meses en barricas usadas de roble francés.

La viña vieja se derrama en el Miura Douro Friends Vinha Velha 2023, donde se funden blanco y tinto al 60% y 40%, en ese cóctel de cepas de varias decadas de edad plantadas juntas, y que pasan a fermentar en cuba abierta para mostrar un vino redondo, fresco, con fruta de baya, especiado, y nada tánico, invitando a la siguiente copa.

Los Miura nacieron como vinos para amigos, reflejando la esencia del Douro con algo más de alcohol, volumen y madera que los Lili Pops, mostrando así unos vinos del Douro con más fruta, más tonos especiados, pero finura. En su elaboración hacen algo de pisa a pie.

Si los Miura son los alter ego de Fernando no se sabe, pero de que los Lili Pop llevan grabada el alma de Lili no hay duda. Se trata de una línea instintiva, sin miedo a arriesgar, que explora las más variopintas formas de elaborar y de ilustrarlo. De ahí que su espíritu atrevido se retrate a la vista y al gusto a la perfección.

Entre ánfora y barrica nace el Lili Pop Blanco 2024, con unas viñas plantadas a 98 metros de altitud, lo que les sitúa entre los primeros en vendimiar en el Douro. El vino conjuga Viosinho y Arinto de unas dos décadas y se fermenta con levaduras autóctonas. La Viosinho fermenta en ánfora de barro en contacto con sus pieles durante seis días, y luego pasa a barrica de roble de tercer y cuarto uso a realizar maloláctica y crianza con sus lías. Es un vino diferente, puro, en el que transpira la aromaticidad de la Arinto y recuerdos frutales a parcha y melocotón en un vino que pasó un año en botella, apenas alcanzó el 11.5 % de alcohol por volumen y fue fresco, fácil, persistente y con excelente acidez.

Lili Pop tiene también versión tinta, elaborado con un 70% de Tinta Cão y unas restantes Sousón y Alicante Bouschet. Más leve pero con más color, apenas alcanza los 12.5% de alcohol mostrándose en boca fresco y elegante, con nota especiadas, particularmente de pimienta.

Pero el Lili Pop más singular es el Lili Pop Hop, una bebida aromatizada a base de vino que utiliza el lúpulo como preservativo, siendo el primero de su clase en Portugal que sigue esta técnica. El lúpulo se siente en la nariz, donde convive con tenues aromas a melocotón, pero no tanto en boca, donde esta bebida se muestra untuosa, seca, con buena acidez y la ligereza de 11.5% gramos de alcohol. El vino fermentó con sus hollejos en un flexitank de 800 litros durante seis días y sin sulfitos, para lo cual se incorporó el lúpulo durante el proceso. Tras la fermentación pasó a una barrica usada para pulirse durante seis meses antes de embotellarse sin filtrar y con una minimísima adición de sulfuroso. Un blanco ligero, fresco, arriesgadísimo y delicioso.

En línea experimental también el Pi-Não 2023, un inusual Pinot Noir duriense fermentado en barrica abierta de roble francés y un 20% de las uvas con racimo entero, que entrega ese estilo que persigue la casa de vinos fáciles, ligeros y bebibles, con 12.5% de alcohol. El vino reposa un año en barricas usadas de roble francés de 3er y 4to uso.

Más de entrada de gama el Quinta de Tourais Tourónio Douro, uno de los vinos con mayor trayectoria en la casa y ensamblaje de Tinto Cão, Tinta Roriz, Touriga Nacional y Sousão. El vino es ligero y afrutado y se trabaja con mínima intervención mientras se pule en barricas de roble usadas durante un año.

Y fuera de carta, el Oporto del abuelo, un Tawny con 60-70 años, pero perfecta acidez, con aromas a chocolate, café y caramelo, algo de higo, y una boca untuosa y persistente.

Tras el COVID, Lili, Fernando y otro miembro de la familia, Manuela, decidieron potenciar la dimensión enoturística de Quinta de Tourais, favoreciendo no sólo las visitas a bodega y su coqueta sala de catas, sino también el alojamiento en la vivienda, donde hay dos habitaciones que comparten muchos servicios de la casa. Aunque no pernoctes allí, en la casa extendida de la bodega siempre te acogerán como parte de la familia, y con la misma calidez y originalidad, seriedad y diversion que retratan las imágenes de los Quinta de Tourais.

 

28 de marzo de 2026. Todos los derechos reservados © 

 

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Lejos de las pendientes de marcadas inclinaciones de la otra ribera del río, en este recodo del Douro la viña no tiene ese vértigo escarpado y parece más bien la extensión del jardín de una casa.

La de Lili y Fernando está a pie de carretera y, aunque no es una quinta de extensiones interminables como las de otras subzonas de la gran región duriense, tiene todo lo que se necesita para ser feliz en estas tierras y compartir esa felicidad con los demás, que de eso es lo que se trata el.vino.

Hay naranjos y limoneros, una casa muy antigua, una capilla que antaño fue propia pero ahora es sólo una vecina más, una sala para visitas y, por supuesto, una bodega. Ni tan grande, ni tan pequeña, cómoda, para que prime el orden que no siempre se halla en otras bodegas boutique donde están anárquicamente desparramados los envases para la inspiración, la diversidad y el hacer.

“Te invito a un licor café”.

Si te dicen eso es que has congeniado con los actuales propietarios que te sorprenden con algo que a simple vista parecería un licor café gallego, con aromas a café colado, tonos torrefactos y un poco de caramelo, pero que en realidad al probarlo tiene los matices de un vino de Oporto que se ha envejecido en madera, pero uno muy singular, elaborado por el abuelo hace casi 70 años, sorprendiendo tantas décadas después por su viveza como el más vetusto y delicioso de los elixires para cerrar un encuentro sellado por la perfecta sincronía entre futuro y pasado.

Antes de Lili, Fernando y la actual generación, casa y bodega fueron del padre y el abuelo. Fue allá por 1940 que el abuelo compró la casa del siglo XVII que pertenecía a una vieja finca de monjes cistercienses, con lagares de más de doscientos años y ocho hectáreas de viña del proyecto que hoy regenta Fernando, tercera generación de los Coelho.

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Quinta de Tourais: un Douro serio y fun

 

Texto: Rosa María González Lamas. Fotos: Viajes & Vinos ©