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Cultura del vino para quienes no quieren vivirlo "light"

La gran fiesta del vino de Jerez

En sus cinco de ediciones el Sherry Festival ha tenido una amplia repercusión y consumidores, como lo reflejan los más de dos mil participantes en los encuentros profesionales realizados en Madrid (2014), Barcelona (2015), Valencia (2016) y San Sebastián (2017), donde más de 1,600 especialistas en vino participaron en catas organizadas por el Consejo Regulador y las más de 300 actividades registradas en restaurantes, enotecas y asociaciones.

 

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Del mismo modo, Pepe Ferrer, embajador del Consejo Regulador, expuso con pericia sobre uno de los grandes valores de los vinos jerezanos, su gran versatilidad gastronómica, que les hace aptos para una gran diversidad de alimentos, incluidos algunos de los más complejos de armonizar. Un juego de armonías y contrastes en que geles que condensaron la potencia y el sabor de algunas de las más emblemáticas recetas de Galicia y de picoteo permitieron transitar el universo de posibilidades que ofrece la amplia gama de vinos de Jerez, cualidades de las que ya el Consejo Regulador ha venido sacando partido con sus Copa Jerez, que ha aunado el saber hacer de cocineros y sumilleres, en parejas con vocación de potenciar el placer del Jerez y también con el uso del vino de Jerez en coctelería para lo cual el especialista en coctelería con vinos y brandies de Jerez, Juan Valls, también condujo alguna demostración.

Del fino al Pedro Ximénez, de los tonos pajizos al color caoba, los vinos de Jerez son una aristocracia vinícola que se vuelve cada vez más plebeya gracias a su vocación de universalizarse y democratizarse, para acercarse a un mayor número de consumidores en todo el mundo. Jerez es el placer de degustar el tiempo, son vinos con almanaque.

 

Los estilos de vinos de Jerez

Los vinos de Jerez se conforman a base de dos tipos primordiales de crianza. La biológica, mediante el velo flor, y la oxidativa, gracias al contacto en madera.

Tras la vendimia a mediados de agosto, primero se hace un vino blanco base que desarrolla un velo de levaduras, siempre en botas usadas de al menos medio siglo, en las que se deja un pequeño espacio para su desarrollo. Las levaduras flotan gracias al oxígeno que las sostiene y las que caen se llaman cabezuelas. Para detener el proceso de fermentación se añade alcohol, es decir, se encabezan.

Los enólogos en Jerez continuaron vinos que comenzaron otros, mucho antes. Su reto es transmitir a la siguiente generación lo que hizo la anterior. Fue en el siglo XIX cuando realmente comenzaron a construirse las bodegas, como resultado de haber descubierto la crianza biológica. Así comenzaron a enlazar las barricas en altura, el célebre formato de soleras y criaderas, un estilo diverso de envejecimiento que se desparrama en escalas, comenzando con la solera, el grupo de barricas más cercano al suelo, donde se acomoda la primera vendimia, y luego las criaderas sobre la solera, donde se van acumulando las subsiguientes.

Para ir componiendo botellas se va extrayendo un poco de la solera más baja, no todo, a fin de que el velo flor no muera. Luego esta solera se va rellenando con un poco de vino de las criaderas sobre ella. El mínimo requerido para ciertos vinos de Jerez es tres años de envejecimiento, es decir, la solera y algunas criaderas más, que se pueden ir incrementando si se desea que la crianza mínima sea mayor. Anualmente se pierde entre un 3 y 4 % del vino por evaporación, del agua, que no de alcohol, porque la molécula de alcohol es más grande, lo que hace que se concentren el alcohol y otros componentes. Y como las levaduras no comen sal, los vinos de Jerez tienen la salinidad como una de sus características.

Aunque en el caso de la crianza oxidativa es posible llevar a cabo una crianza estática, sin llevar a cabo mezclas de vinos con distintos niveles de vejez, lo tradicional en la zona (y el único método viable para llevar a cabo con éxito la crianza biológica) es el sistema de crianza dinámico conocido como de "criaderas y solera".

Del proceso salen varios estilos:

 

Finos y manzanillas – vinos a base de uva palomino, con similar elaboración y un envejecimiento mínimo de tres años. La diferencia entre estos vinos pálidos, ligeros y secos la aportan las características del lugar donde se elaboran, siendo las manzanillas una exclusividad de Sanlúcar de Barrameda.

A partir de estos dos estilos surgen los

Amontillados: los vinos anteriores que comienzan a oxidarse en barrica. Según Ferrer los amontillados son los vinos de autor de Jerez porque se juega con tiempos de crianza biológica y oxidativa para llegar al total de 12 años. Los amontillados del marco de Jerez se cimentan sobre finos y manzanillas con uva palomino. En cambio, los amontillados de la DO Montilla-Moriles tienen una base de uva Pedro Ximénez.

Olorosos – vinos pálidos y más estructurados. Un secreto para distinguir olorosos de amontillados en cata a ciegas es que los primeros son más persistentes en boca que los segundos.

Palos Cortados – que se debate si son íntegra o parcialmente fruto de la crianza oxidativa. Históricamente los palo cortados precedieron a los finos y manzanillas, y con una escalada de niveles, pues antes el consumidor buscaba vinos estructurados y alcohólicos para viajar, de modo que los que no daban esa talla se iban descartando y se destinaban a palo cortado. Así, mientras más rayas tenia el palo cortado, más fino. Hoy es al revés. El consumidor no busca potencia sino finura, con lo cual no valdría que el palo cortado fuera un simple descarte.

 

Los vinos cream se elaboran mediante el cabeceo, es decir, la adición de vinos dulces al vino seco de Jerez y fueron una respuesta a preferencias de clientes, elaborándose tan más o menos dulces como éstos quisieran.

Pale Cream – seco con crianza biológica al que se añadió algo de vino moscatel o mosto concentrado.

Medium – oloroso seco o amontillado con toque de Pedro Ximénez o moscatel, sin exceder los 115 gramos de azúcar residual.

Cream – misma mezcla que excede los 166 gramos de azúcar residual.

Jereces en Altamira

El Café de Altamira en Santiago de Compostela se ha posicionado como un altar de los amantes de los vinos de Jerez que hallan una concienzuda y abarcadora oferta de vinos por copa que va refrescándose con regularidad. Esto ha ayudado a forjar un nutrido grupo de fieles seguidores de estos vinos, que terminaron por formar parte de una vastísima lista de espera para disfrutar de once jereces raros y viejos, escogidos especialmente para formar parte de las actividades de estreno del Sherry Festival 2018.

Amontillados, olorosos, palos cortados y médiums fueron revelando el espíritu más añejo y singular de los jereces viejos de las distintas puntas del triángulo jerezano. Como los amontillados Roberto Amillo o el amontillado Pastrana SV de Hidalgo La Gitana, de las soleras fundacionales de las bodegas establecidas en el siglo XVIII y con vejeces promedio incluso de medio siglo. Un amontillado de Bodegas Agustín Blázquez, con vejez media de 30 años completó el trío de amontillados que fue revelando diversos matices en su evolución, apareciendo recuerdos aromáticos a frutos secos a mieles, de pasas y naranjas a aceitunas, en vinos caracterizados por su buena acidez.

La tanda de olorosos la formaron el Puerta Real Oloroso de Garvey, el 1986 de Hidalgo La Gitana y el VORS Cuco 30 años de Bodegas Barbadillo que mostraron vinos más profundos, complejos y persistentes, así como la expresión de un vino de Jerez de una sola añada. Fue el conjunto más atrayente y el Cuco probablemente el vino favorito de la cata. Un vino fino, profundo y elegante con aromas a toffee, vainilla, almendras, naranja e incluso el típico vinagrinho de los vinos de Oporto viejos, que estallaron en un final de frutos secos, especias y tostados que se prolongó de manera notable, y que convivió con la salinidad del vino.

Los palos cortados se dividieron entre el 1975 Palo Cortado de Bodegas Tradición, el Privilegio Palo Cortado 1860 de Bodegas Emilio Hidalgo, con vejez superior al medio siglo, y el Asalto Amoroso, un oloroso de Bodegas Garvey, dulce, sin ser empalagoso, y cuya solera se creó en 1815, concebida en su origen para crear vinos solo para el disfrute de la familia propietaria de la bodega. Un trío cualitativo en que sobresalió el Privilegio, por sus matices marcadamente especiados, tonos a miel, pasa y vainilla, ahumados y un paladar cautivante lleno de matices, persistencia fina y muy prolongada.

Pukka, un medium cream de Bodegas Agustín Blázquez que olió a catedral con notas de incienso, y un Amontillado muy viejo, con más de 100 años, concentrado y salino de Bodegas Tradición cerraron el viaje por el discreto encanto de la vejez de los vinos de Jerez.

 

Sherry Festival: bodegas participantes:

Arfe, Barbadillo, Barón, Delgado Zuleta, Díez Mérito, Emilio Hidalgo, Faustino González, González Byass, Hidalgo - La Gitana, José Estévez, Juan Piñero, Lustau, Osborne, Rey Fernando de Castilla, Sánchez Romate, Tradición, Williams & Humbert, Ximénez-Spínola y Yuste

Maridajes con Jerez

Aunque pocos lleguen a pensarlo, los vinos de Jerez son capaces de entablar diálogos muy fluidos con los ingredientes. Por sintonía o por contraste, los diversos estilos de vinos son un carrusel de oportunidades para maridar con jereces, y es precisamente el boom de la gastronomía uno de los elementos que más ha contribuido a la popularidad actual de los Sherry wines, que aportan sensaciones inéditas para muchos comensales. Justo es eso lo que ha ayudado a potenciar los vinos de Jerez en Galicia, que cuenta con una cocina rica en frutos de tierra y de mar y preparaciones grasas y saladas, que se ensalzan con estos vinos.

Uno de los ejercicios más productivos del Sherry Festival fue un paseo por el recetario gallego, otros sabores de moda y los vinos de Jerez, a través del cual Pepe Ferrer, embajador de los vinos, deconstruyó los elementos de cada estilo de vino, explorando componentes como su nivel de dulzor, sapidez, o amargor, entre otros, y sugiriendo tipos de elementos que pudieran encajar bien con ellos, por similitud o contraste. No solo eso, los vinos de Jerez permiten a un sumiller ajustar gustos diversos de comensales ante un mismo plato, ofreciendo armonías distintas a un misma propuesta gastronómica, incluso en una misma mesa.

Para ello Ferrer condensó el sabor de las recetas en bocados en formato gel, que luego se fueron probando con los distintos estilos para identificar buenas armonías, luego de probar cada vino en solitario.

El primer gel condensó los tonos salados, ahumados y grasos del caldo de cocido, que ensambló bien con el amontillado, que le aportó complejidad y potenció matices, así como con el cream, porque con el punto dulce potenció los tonos grasos y salinos. 

El segundo gel extrajo la pureza de unos boquerones en vinagre, un producto típico de barra, que se fusionó bien con el fino y el palo cortado. El lacón con grelos protagonizó el tercero de los geles, que casó mejor con amontillado y oloroso, al ser los que mejor equilibraron los sabores.

Cuarto gel, curry con leche de coco, donde resaltan las especias y es muy de la cocina hindú. Palo cortado y cream fueron los mejores complementos, el primero por equilibrar deliciosamente los tonos picantes y con su fondo láctico ensamblarse con la leche de coco, y el cream, por equilibrar los especiados en la ecuación.

Quinto gel, wasabi disuelto en caldo de pollo del que se resaltó un delicado picante. Amontillado y cream fueron las mejores armonías, por resaltar el picante sin estridencias. El sexto y último gel fue un chili con carne infusionado en caldo de pollo, que fue bien con el amontillado, por potenciar el picante con sutileza, y también con el Pedro Ximénez dulce, por casi evocar el mole poblano.

Tesoros de Sacristía

Los vinos de Jerez con vejez calificada son una experiencia religiosa. Fueron los protagonistas de una cata conducida por César Saldaña, presidente del Consejo Regulador, quien recorrió nueve etiquetas de vinos excepcionalmente viejos y raros.

Son los VOS (Vinum Optimum Signatum o Very Old Sherr) y los VORS (Vinum Optimum Rarum Signatum o Very Old Rare Sherry), vinos con gran concentración por la evaporación que el tiempo produce en las barricas, y que además del del tiempo tienen que pasar un riguroso control de calificación para ser considerados tales. El listón mínimo es de 20 y 30 años, pero en algunos casos los vinos contienen vestigios de soleras centenarias y que se criaban y conservaban en las sacristías de las bodegas, como joyas para los mejores clientes, la familia y conocidos.

Durante la cata Saldaña fue dando consejos e indicios sobre los estilos de vinos a probar, como que las notas de avellana son típicas de los vinos amontillados o que éstos deben de recordar al vino de su génesis, sea fino o manzanilla.

Lor VORS tienen una vejez de más de 30 años y en esta categoría estuvieron el Napoleón VORS de Hidalgo La Gitana, con una vejez de unos 30 años y el Fino Imperial VORS de Díez de Mérito. En éstos se resaltaron sus notas cítricas a naranja y tonos de avellana expresados con gran finura.

Los palo cortados son vinos cuya crianza y evolución les redirige por el sendero de la crianza oxidativa. Saldaña los definió como un oloroso más fino. Entre los tesoros de sacristía el Palo Cortado Dos Cortados VOS de Williams & Humbert y el Palo Cortado VORS de Alvaro Domecq. Este últmo fue un vino con mucha personalidad, en extremo yodado, casi con recuerdos a mercurio cromo o bettadyne, una boca muy salina y envolvente, con un cuerpo más ligero y aromas a toffee, pasas, ahumados y frutos secos.

Dos olorosos, el Don Gonzalo VOS de Valdespino y el VORS de Bodegas Tradición, el más viejo de la cata, con una vejez promedio de más de 40 años redondearon la experiencia de cata. De color citrino-ámbar intenso, con un fascinante bouquet a frutos secos, caramelo, cítricos y ahumados por la que se escapan recuerdos a barniz, el VORS de Tradición tuvo una boca glicérica y especiada, persistente con su finura y sus puntos a nuez y tostados.

A estas parejas de vino se unieron el Cream Matusalem VORS de González Byass, el PX VOS Lustau, con puntos más chocoaltosos y dulzones, y el PX Venerable, un VORS del grupo Osborne.

¿Sabías que algunos elaboradores jerezanos recomiendan el champán para limpiar el paladar entre vino y vino de Jerez?

Próximos eventos:

Vinos y Brandy de Jerez viajarán a México este junio para una gran celebración vinícola en un mercado donde estos vinos son muy apreciados y crece el interés por su consumo.

De casi la mitad de la oferta catada en el Sherry Festival destacamos:

Vinos sin encabezar o con poco encabezado:

Son vinos elaborados en el marco de Jerez, pero que conservan el espíritu del vino tranquilo bien hecho y no están amparados por el Consejo Regulador.

Los 30 del Cuadrado 2016. Bodegas Hidalgo La Gitana

Basilio Izquierdo, reconocido enólogo manchego afincado en Rioja, ha estado en parte detrás de este blanco tranquilo y complejo, elaborado con uvas de palomino con una vejez de unos 80 años. El blanco pretende ser un regreso a los orígenes con reminiscencias de los finos y manzanillas antiguos. Es una de las más jóvenes etiquetas de la bodega, que pasa nueve en barrica con bâtonnage diario. Un blanco muy complejo, muy glicérico, salino y especiado, que destaca por su mineralidad y notas almendradas. La del 2016 fue la añada fundacional de esta etiqueta que, en 2017, más que los frutos secos, resaltó las notas frescas a flor de manzanilla y aceituna.

Zerej Blanco - Mirabrás – Barbadillo

Un vino blanco procedente de una antigua plantación salvada para dedicarla a un vino especial como este blanco de Jerez con poca crianza. Tras vendimiarse y asolearse la uva fermenta en bota de manzanilla, reposa con lías y luego se somete a una efímera crianza biológica en madera, pero sin encabezar con alcohol, para tras ello guardarse en depósito hasta embotellar. Su contacto con lías le confiere mucho volumen y complejidad en boca, resaltando los tonos cítricos a naranja y untuosidad, pero con frescor.

Fino

Fino Inocente. Bodegas Valdespino

El primer miembro de la estirpe de los Valdespino, Alfonso Valdespino acompañó al rey Alfonso X el Sabio en la reconquista de Jerez a inicios del siglo XIII. En agradecimiento, el Rey le obsequió a Valdespino tierras en Jerez que se creen pueden ser Macharnudo, probablemente el más célebre pago de la denominación de origen. Se trata de una finca de 56 hectáreas a unos cinco kilómetros al noroeste de Jerez, en la mejor zona del Jerez Superior, en la que comparten viña Valdespino y otras bodegas. Aunque ya en 1430 hay evidencia de elementos comerciales, fue en el siglo XVIII que la bodega se instituyó formalmente.

Inocente es una de las grandes referencias de fino jerezano, un vino cuya uva procede íntegramente de la parte alta del Pago Macharnudo, y su elaboración es íntegramente en madera. El vino fermenta en bota de madera, luego realiza la sobretabla, es decir, la primera bota donde nace el vino durante unos meses, tras lo cual pasa a su solera con diez criaderas, colocadas de manera horizontal. Aceituna, manzana, vainilla, avellana y algo de tostados se destacan en la nariz de este vino de boca sedosa y fina.

Fino Camborio. Bodegas Juan Piñero.

Con 10 años de crianza, es un 100% palomino fino sobre albarizas procedente de los pagos de Añina y Macharnudo en Jerez de la Frontera y de él se realiza una saca anual. El vino rezuma matices a huerto con recuerdos a hierbas aromáticas y abundantes frutos secos. Su boca es fina y envolvente, con notas especiadas que reverberan en los labios y terminan en un retrogusto profundo, complejo y fino, con más boca que nariz. Primero almacenistas de Jerez, Bodegas Juan Piñero nació en 1992 tras recuperar una bodega centenaria en Sanlucar de Barrameda.

Este vino fue que el motivo al bodeguero afincado en Ribera del Duero, Peter Sisseck, a emprender un proyecto en Jerez, para lo cual compró la mitad de las soleras de Fino Camborio.

 

Manzanilla

Manzanilla Pasada Pastrana, Bodegas Hildalgo La Gitana.

Un vino de finca, La Pastrana, en el Pago Miraflores cerca al río Guadalquivir. Se trata de un manzanilla con mayor vejez, 12 años en bodega con solera y criadera, que en nariz destacó por esa sensación de crianza y madurez y en boca fue más fina, con delicada y prolongada persistencia a avellana y especias.

La Gitana Aniversario 15 años Edición Limitada. Bodegas Hidalgo La Gitana.

Un manzanilla más complejo donde destacaron las notas salinas y almendradas en nariz, con un profundo deje especiado en los labios.

La Guita en Rama. Bodegas La Guita.

En rama quiere decir sin filtrar, y ésta fue la segunda saca de 2017. Anualmente se hacen dos sacas para poder conocer la evolución del vino. Flor de manzanilla, hierbas aromáticas y abundante aceituna caracterizaron la nariz de este vino con una boca con intensos matices a frutos secos, un pase envolvente, y un final persistente.

Manzanilla Maruja. Bodegas Juan Piñero.

Este manzanilla tiene una crianza de nueve años y en nariz recuerdos a almendra, hierba, tomate y aceituna. La boca destacó por sus frutos secos, notas almendradas y persistencia. Procede de la ultima solera de la originaria Manzanilla Maruja. Fermenta con levaduras autóctonas en el lagar en la propia viña y luego envejece en barricas de roble americano de 500 litros en sistema de criaderas y soleras, con una solera y siete criaderas.

Manzanilla Chicharito. Bodegas Barón

Un vino de Jerez expresivo aunque más ligero y refrescante con aromas aceitunados, a flor de manzanilla y hojas de ensalada, una boca salina sin excesos, más próxima al vino tranquilo que al fortificado, menos untuosa, y más juvenil, como la llamativa etiqueta que viste la botella.

Amontillado

Amontillado Napoleón 30 años VORS. Bodegas Hidalgo La Gitana

Vino viejo, goloso, envolvente y especiado, con recuerdos a nuez, marcada naranja, notas salinas y a frutos secos, toffees, polvo de café, tabaco y un fin seco, con tonos ahumados, finura y persistente electricidad en los labios.

Amontillado Piñero 60 años. Bodegas Juan Piñero.

Vino especiado y goloso, con recuerdos a frutos secos y toffees, con una boca fina y almendrada

Amontillado Jalifa 30 años Selección Especial. Williams & Humbert

Amontillado natural a partir de mostos yema con aromas a naranja, avellana y tonos ahumados. En boca destaca por su sutileza, que va en la línea de la finura.

Zerej Amontillado. Bodegas Barbadillo

Zerej es una colección de cuatro estilos de vino, de la que no se hace acopio todos los años. La segunda de las colecciones, ensamblada con vinos en barricas de bodegas Barbadillo, se enfocó en la crianza oxidativa. Persistente maní acompañado de aromas a nueces, toffees, frutos secos enmarcan a este vino de gran largura en boca

Amontillado 30 años VORS. Bodegas Tradición

Tradición es una bodega familiar vinculada al vino de Jerez desde 1650, pero que no se constituyó como bodega hasta varios siglos después. Con una producción de apenas unas 30 mil botellas anuales, esta bodega de Jerez de la Frontera ha sabido labrarse una reputación de muy alta calidad.

Aunque indica 30 años en realidad este amontillado tiene una vejez promedio de 45 años, de los cuales entre 10 y 12 fueron de crianza biológica como fino. Nueces, maní, vainilla, caramelo, abundante naranja, frutos secos, salinos y tostados se destacan en este amontillado con finura y gran persistencia.

 

PCortado

Wellington Palo Cortado 20 yr. Bodegas Hidalgo La Gitana

Un vino fino, goloso y muy persistente, donde los recuerdos a manzana y a fina vainilla, frutos secos, algas y salinidad estuvieron en destaque.

Palo Cortado 30 VORS.  Bodegas Tradición

Este Palo cortado, 100% palomino del que apenas se produjeron 1,200 botellas al año, fue fino, delgado en el paladar pero envolvente, con recuerdos a abundante almendra, recuerdos marinos, toffees y salinidad.

 

Oloroso

Almirante 15 años. Bodegas Marqués del Real Tesoro

Bodegas Marqués del Real Tesoro se fundaron en 1760 y todos los alcoholes que emplea para encabezar sus vinos de Jerez provienen de destilados con origen en la propia bodega. El Oloroso Almirante destacó por sus tonos amielados, y torrefactos a café y cascarilla de cacao. En boca fue envolvente, con tonos salinos, matices a frutos secos y un final super prolongado. Excelente relación precio-calidad con un precio estimado de 10 euros por botella.

Oloroso Piñero. Bodegas Juan Piñero

Aromas cítricos a naranja, acaramelados, avainillados e intensamente especiados a canela enmarcan a este vino pulido y sedoso en paladar.

Oloroso Antique 20 años. Rey Fernando de Castilla

Un oloroso finísimo con gran elegancia y complejidad de matices, tonos especiados, salinos y almendrados.

 

Cream

Cream Piñero. Bodegas Juan Piñero.

Miel, vainilla, toffee aportan un punto dulce a una boca cítrica, melosa y equilibrada, con prolongados recuerdos a almendra y una marcada persistencia. El vino suma Oloroso Viejo con una vejez superior al siglo, y PX muy viejo, una diferencia con otros que prefieren emplear concentrado de mosto. 75% palomino fino procedente del Pago del Hornillo en Sanlucar de Barrameda y 25% Pedro Ximénez. Se realizan dos sacas anuales. El vino tiene una edad media de 18 años.

 

Medium Sweet

Dry Sack Selección Especial 15 años. Williams & Humbert

Un jerez con entrada de boca dulce, y predominancia de tonos torrefactos, especiados y a nuez, frutos secos y pasas. Elaborado con mosto yema de palomino y PX.

 

Vinos raros y muy viejos

Pío X. González Byass.

Pio X se llamaba el Papa en el Vaticano cuando se este vino dulce de moscatel se gestó en 1903, en seguimiento a la tradición de la bodega de reservar una bota de vino cada vez que se elegía un nuevo Papa. La moscatel, probablemente de grano menudo, era una variedad muy plantada en el marco de Jerez del siglo XIX, y permitida para la elaboración. De ahí que habiendo estado ya elaborado para inicios de siglo XX, sus viñas sean prefiloxéricas. Se trata de un vino sin fortificar del que se embotellaron poco más de un centenar de botellas, siendo solo 100 las comercializadas ya que apenas quedaba un 20% de vino en la barrica. A pesar de sus 115 años y concentración, éste fue un vino sorprendentemente ligero, fresco y vivo, con recuerdos a higos, torrefactos y frutos secos. Tan escaso que se sirve con gotero sobre la mano.

Osborne Rare Sherry Amontillado AOS

La marca hace referencia a las dos primeras iniciales de Antonio Osborne y la S es de solera. Esta pequeña solera de amontillado fue fundada en 1903 por D. Tomás Osborne Guezala (II Conde de Osborne) para conmemorar el nacimiento de su hijo Antonio. El origen de esta solera proviene de los mejores amontillados de la Bodega de La Palma y el Conde de Osborne indicó que no se podrían embotellar hasta 1924, año en el que su hijo Antonio sería mayor de edad.

Hoy el vino, 100% palomino, tiene una vejez media de 25 años, y un embotellado muy limitado. Se entiende mejor como un todo que por sus partes, destacando por su suprema elegancia en boca y nariz, con matices a tabaco, frutos secos, caramelos, y un gran posgusto. Absolutamente sublime.

Osborne Rare Sherry Solera 1864

Esta es una de las soleras más antiguas de las Bodegas Osborne. Fue creada en 1864 y se llamó inicialmente ABC, ya que la solera estaba dividida en estas tres sub - soleras. Por alguna razón desconocida, hacia finales de 1888 toda una solera fue enviada a la corte imperial de San Petersburgo (Solera A), ya que los zares de Rusia eran los únicos clientes de este vino. Por lo que en la bodega quedaron las soleras B y C, que dan significado al origen de la marca. No hay ningún registro con el número 200, que aparece junto al nombre, aunque es muy probable que se refiera a 200 botas iniciales de dicha solera.

Vejez media de 40 años, oloroso medim con algo de Pedro Ximénez. Finura notable desde la nariz, con tonos especiados, florales, a caramelos, toffees, frutos secos y un punto dulzón que en boca entra sedoso y envolvente y estalla en pasas, canelas y nuez moscada para terminar con un fin seco de almendra, todo con gran sutileza.

 

Más sobre los vinos de Jerez:

Albariño y Jerez - Estilos y guía de cata - El embeleso de los palos cortados de González Byass - Vinoble

 

17 de abril de 2018. Todos los derechos reservados ©

 

 

 

 

 

 

La celebración comenzó con una exclusiva cata en el Café de Altamira en Santiago de Compostela, donde un reducido grupo de menos de una veintena de asistentes se deleitó en un conjunto de once vinos de Jerez raros y viejos, algunos de bodegas más pequeñas. Ése fue el trampolín a un gran salón a casa llena en el que participaron 19 bodegas del marco de Jerez que se trasladaron al hotel NH Finisterre en La Coruña para dar a probar sus amplias colecciones de vinos con sal y salero, más de 200 etiquetas a través del que se pudieron ir conociendo novedades del sector: la producción de bodegas más pequeñas y artesanales, la frescura y colorido de un etiquetado que busca atraer a nuevas generaciones de consumidores, la presentación de colecciones-estuche de vinos de Jerez con varias etiquetas en el conjunto, o el surgimiento de vinos sin encabezar con alcohol o con poca fortificación como una opción innovadora y diversa de la que probablemente se irán viendo más referencias, aunque de momento no las ampare el Consejo Regulador.

Ese puente entre lo antiguo y lo moderno se tendió con el servicio de etiquetas realmente añejas y, en especial, en una cata magistral dirigida por César Saldaña, presidente del Consejo Regulador, que se adentró también en vinos de Jerez muy viejos, Tesoros de Sacristía para meditar y deleitarse.

Galicia comparte con Jerez su carácter atlántico, y sus vinos una mayor cercanía de la que muchos pensarían. Además, gracias a la dedicada labor educativa que, por conducto de su embajador, José Ferrer, el Consejo Regulador ha hecho en esta comunidad, los profesionales han ido interesándose y apasionándose de manera notable por los vinos jerezanos, incorporándolos en cada vez más cartas de restaurantes, planteándolos como opciones de maridaje e incluso creando ofertas por copa para disfrute del consumidor.

Por eso esa gran celebración vinícola tuvo este año un destino natural, escenario para una gran fiesta extendida del salón de vinos a una agenda abarcadora de nueve días de cenas de degustación, catas comentadas, seminarios, tapas, vinos por copa, o promociones por compras, más de 70 actos divulgativas y de ocio que crearon entre La Coruña, Ferrol y Santiago de Compostela un triángulo similar al que en el sur andaluz enlaza a Jerez de la Frontera, El Puerto de Santamaría y Sanlúcar de Barrameda en el marco jerezano.

 

Lleva años en boga. A pesar de que por mucho tiempo tuvo una imagen casi rancia, en los últimos tiempos la tradición y su complejidad le han vuelto seductor. Empujado, sobre todo, por las nuevas generaciones de consumidores y profesionales, el vino de Jerez ha hecho un tránsito de una imagen vetusta a una imagen hip. Un vino donde se prueban las destrezas en el arte de la cata, el conocimiento de lo complejo, se saborea el gusto por la historia y todo aquello que en el mundo de la titulitis deje un deje de connaîsseur.

Cautivó en Londres, en Nueva York, o hasta en la propia Washington, DC. Primero aparecieron los cócteles con vinos de Jerez, luego los Sherry Bars, los jereces en carta, los Sherry Fest en algunas grandes metrópolis de Europa y Norteamérica, y esa vocación internacional terminó también por desembarcar en la propia España, donde fuera de su cuna muchos habían dado a los vinos de Jerez tan por sentado que casi habían olvidado lo fascinante de su complejidad, su garbo y gallardía, y sus prolijas posibilidades gastronómicas.

Entonces, con el eco de las noticias de fuera, la buena educación sobre la magia de este vino, y la pasión e inquietud que guía a muchos profesionales del vino de las nuevas generaciones, el vino de Jerez también decidió celebrar su fiesta a nivel nacional, y así el Consejo Regulador de la Denominación de Origen de los Vinos de Jerez y su largo y abarcador apellido de calidad empezó a congregar a fieles adeptos en una gran celebración llamada Sherry Festival, que este abril ha tenido a la ciudad gallega de La Coruña como protagonista de su gran cita anual en España. Una oportunidad única para que los amantes del vino se adentren en el singular universo de los vinos jerezanos, que ensambla una amalgama de experiencias de degustación para descubrir y amar estos grandes tesoros de la enología.

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos: Viajes & Vinos (C)