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Para el 135 aniversario de su fundación, Wente Vineyards ha hecho una etiqueta conmemorativa de edición limitada a base de Chardonnay, que ensambla lo mejor de las viñas de Livermore Valley y Arroyo Seco, las zonas californianas donde la bodega tiene presencia, y que resume la evolución de esta bodega que nació en 1883 y gracias a la inquietud de su fundador hizo que la variedad Chardonnay se esparciera por todo el estado de California.

Carl Wente llegó de Alemania a Estados Unidos en el siglo XIX. No era nada raro que este descendiente de una familia de las cercanías de Hannover se atreviera a cruzar el Atlántico, pues hasta la Primera Guerra Mundial el grupo de inmigrantes más numeroso de los Estados Unidos era precisamente el alemán. A Wente le apetecía hacer algo distinto a aquellos cultivos de grano a los que su familia se dedicaba y, estimulado porque tenía dos medio hermanos que ya llevaban dos décadas en Estados Unidos, determinó ir a su encuentro como una nueva aventura familiar.

La primera escala fue Nueva York, pero incapaz de hallar a sus medios hermanos, Wente terminó en San Francisco, al lado opuesto del país. En California tuvo la suerte de que un un bodeguero de apellido germano, Charles Krug, le enseñara a elaborar vino, y así fue como en 1883 adquirió tierras en el valle de Livermore, donde para ese entonces ya se podía considerar había una industria del vino bien establecida.

Ubicado a unas 30 millas al este de San Francisco, Livermore Valley era una de las regiones vitivinícolas más antiguas de California si se considera que fueron los misioneros españoles quienes allí plantaron las primeras cepas de uva alrededor del 1760. Para la década de 1840, algunos pioneros empezaron a buscar buenas tierras de viña en el estado, y fue de uno de ellos, Robert Livermore, quien primero plantó viñas comerciales por allí, de quien el valle adoptaría su nombre. A Livermore le siguieron otros, entre ellos Carl Wente, quienes pronto empezaron a fundar bodegas, convirtiendo a Livermore Valley en una zona de vinos consolidada, mucho más importante que Napa o que Sonoma antes de la Prohibición.

Los inmigrantes llegaban de Europa con material vegetal, aunque sin tener muy claro cuáles variedades de uva traían. Así que algunos pronto comenzaron a realizar esfuerzos para identificar aquellas cepas, a la par que los más influyentes de la región buscaban con mayor formalidad variedades en Europa, aprovechando el mayor conocimiento que poco a poco se iba adquiriendo sobre las vides. Con tanto acierto se fue haciendo el proceso que tan pronto como 1889, un vino de Livermore Valley ganó en la Exposición de París la primera medalla internacional de oro que recibía un vino estadounidense, situando por primera vez a Califonia en el mapa de vino del mundo.

Rodeado por la cordillera costera, Livermore Valley cuenta con orientaciones este-oeste que la convierten en una zona única por permitir a las nieblas y brisas marinas del Oceáno Pacífico y la bahía de San Francisco entrar y refrescar el aire caliente del valle, creando así amplitudes térmicas entre el día y la noche ideales para la buena maduración y equilibrio de las uvas. Sus suelos de gravilla permiten un buen drenaje, reduciendo el vigor de las cepas y aumentando la concentración de las uvas.

Ésas eran las buenas condiciones que tenía Carl Wente, quien, trabajador y emprendedor, se fue acercando a otros conocedores pioneros, lo que le permitió ir construyendo un proyecto de vinos que con el tiempo se ha convertido en una dinastía familiar que hoy va por su sexta generación. « La primera de mi bisabuelo buscó establecerse, adquirir terreno para tener viña y caballos donde montar. La siguiente consiguió más terreno con una visión comercial », explica Eric Wente, cuarta generación de la familia y presidente de la Junta de Directores de la bodega en conversación con Divinidades durante la más reciente edición del Plaza Cellars Fine Wine Celebration en San Juan.

Precisamente su abuelo y segunda generación familiar, Ernest Wente, mientras estudiaba en la Universidad de Davis en 1908 determinó que quería crear un viñedo de Chardonnay. Así que en 1912 convenció a su padre Carl de importar a Livermore Vallery cortes de Chardonnay del vivero de la universidad francesa de Montpellier, escogiendo manualmente el mejor material de las mejores viñas. Lo plantó en varios puntos de California como algo experimental y luego fue cogiendo parte de esas cepas y replantándolas en otros lugares, hasta que paulatinamente fueron llegando a otras bodegas, llegando al punto en que hoy día más del 80% de todo el Chardonnay de California tiene su origen en aquel clon de Wente.

Entonces llegó la Prohibición, una época nefasta para las bodegas de Livermore aunque algo menos para Wente, que se salvó del ostracismo gracias a suministrarle vino a la Iglesia, lo que permitió que el equipo de elaboración y toda la estructura se mantuviera en buena condición porque la bodega no cerró, contrario a lo que le sucedió a la mayoría de sus vecinas.

Fue así como tras ese negro período prohibitivo, en 1936 Wente elaboró los primeros vinos monovarietales, no sólo de Livermore, sino de todos los Estados Unidos : el primero, monovarietal de Sauvignon Blanc y el segundo, monovarietal de Chardonnay.

Tras la generación de Ernest llegó la de un nuevo Karl, quien se enfocó en el aspecto comercial, constituyendo una estructura de ventas y distribución para la bodega.

Así se llegó a fines de la década del 1950 e inicios de la del 1960, cuando la construcción urbana en Livermore proliferó, lo que representó la eliminación de muchas viñas a las que Wente compraba uva. Este circunstancia impulsó a Wente a procurarse un nuevo suministro, lo que hizo que Arroyo Seco, en Monterey, se planteara como una opción territorial, ya que a los Wente no les gustaban ni Napa Valley ni Sonoma. En 1962 terminaron comprando terreno en Arroyo Seco, un área más fría que la de Livermore, que pasó a complementar. Juntas permiten plantar un espectro más amplio de variedades de uva, teniendo en Livermore las más aptas para Livermore (donde posteriormente se adquirió más viña gracias a cambios fiscales) y las más aptas para Arroyo Seco, allí.

Pero si a nivel de viña Wente tiene su corazón partío en dos zonas, a nivel de elaboración concentra el trabajo en la bodega de Livermore, ya que en Arroyo Seco apenas tiene facilidades para extraer el mosto tras las vendimias nocturnas, que luego llevan a fermentar a la bodega en Livermore.

Eric Wente y sus hermanos se incorporaron a la empresa familiar en 1977, poco antes de que Livermore Valley se convirtiera en American Viticultural Area en 1983, una designación que le brindó un gran empuje a la zona, que ha tenido un importante renacer con una importante multiplicación de bodegas, viña, variedades y producción.

En esa vorágine también han estado Wente, que elabora varias líneas de vinos, como los Single Vineyard, los Estate Grown, Winemakers Studio, los de pequeños lotes que responden al interés de experimentar con calidad, y la línea Nth Degree, desarrollada por un tercer Karl, el de la quinta generación,

Dedicado a la viticultura y comprometido con seguir sacando secretos del legado de Chardonnay que los Wente ayudaron a multiplicar por las viñas californianas, Karl y Wente también multiplican la variedad en varias etiquetas. Como por ejemplo, el Livermore Morning Fog, con Chardonnay más próximo a la Bahía de San Francisco, cuya fermentación se realiza a medias en acero inoxidable y barricas usadas, para luego reposar en lías. Es un contraparte al Single Vineyard Riva Ranch Chardonnay, de Arroyo Seco en Monterey, a cuya uva el clima confiere mayor acidez, y por ende, requiere otro estilo de elaboración. Su cosecha 2016 destaca por sus finos tonos ahumados, tostados y almendrados, expresados con complejidad, pero también delicadeza. Y junto con éstos el Small Lot Eric’s Chardonnay y el Nth Degree Chardonnay. « Tener uva en dos lugares permite contar con estilos diferenciados, según las zonas más específicas para las uvas », detalla Eric Wente.

Riva Ranch también tiene monovarietales de Merlot y Pinot Noir, este último de color pálido en su cosecha 2014, con aromas afrutados, especiados, a pólvora y humo, y una boca con taninos aún algo firmes y fruta golosa, donde los matices tostados prevalecen sobre la acidez.

En el lado de Livermore aparece un Wente Sauvignon Blanc, descendiente del primer monovarietal que se elaboró y que en su cosecha 2015 tiene un corte más bordelés y más amable y salino, menos exuberante de aromas tropicales. Tiene también un Wente Cabernet Sauvignon, aún por pulir su cosecha 2016, y un Wente Merlot Sandstone, con un perfil más ligero, conjugando notas a cereza y torrefactos en su añada 2015.

Varias muestras de un extenso repertorio de etiquetas, que incluso ha contado con un espumoso, a veces de Chardonnay y otras con Pinot Noir, elaborado siguiendo el método tradicional de segunda fermentación en botella, un proyecto interesante, pero poco rentable de acuerdo a Eric.

Es el equilibrio que pondera la bodega, que cuenta con un área experimental de vinificación y unas 40 variedades de vivero que cultivan para conocer su desarrollo, elaborando algunos vinos que no venden o se quedan en casa. « No podemos elaborar todo, hay que hacer balance con lo comercial”, indica el bodeguero, que también cuenta con Riesling, Zinfandel, Syrah, Petite Syrah o Cabernet Franc en su oferta y ha contemplado igualmente producciones con Garnacha, Petit Verdot, GSM (Grenache, Syrah, Merlot), Gewürtztraminer o incluso Tempranillo, una variedad que cree cuesta mucho sacar adelante y a cuya poda hay que prestar mucha atención.

Wente tiene un importante compromiso con la sostenibilidad, no en balde en 2010 se unió al minúsculo grupo de bodegas californianas que cumplen con los tres niveles de los códigos y designación de la Certified California Sustainable Winegrowing. Algunas de sus prácticas incluyen el empleo de fertilizantes orgánicos reciclados mediante el riego para eliminar la necesidad de tractores que gasten combustible, reducción de uso del agua mediante riego por goteo que aporta precisión, uso de aves depredadoras o aceites naturales especiados para combatir plagas de forma natural, reciclaje de desperdicios para convertirlos en combustible, o reciclaje de corcho, entre otros. La bodega cuenta también con un olivar orgánico de donde surte aceitunas para elaborar un poco de aceite de oliva que emplea en su restaurante.

Porque a partir de 1986 Wente hizo una fuerte apuesta por el enoturismo con la creación de un premiado restaurante, un campo de golf, salas de cata históricas, conciertos y un programa de celebración de bodas. El restaurante apuesta por ingredientes locales y se decoró con mobiliario creado con materiales reciclados, incluyendo una mesa comunal construida a partir de madera reciclada de toneles centenarios.

Conscientes de que el agua, o la falta de ella, va a ser una de las grandes preocupaciones de la industria vitivinícola californiana en los próximos años, Wente está enfocado en buscar cepas más tolerantes a las cada vez más preocupantes y frecuentes sequías, para lo que investiga los pies de las cepas persiguiendo unos culivos que sean más resistentes a la sequía y requieran de menos agua, ya que este elemento va a ser cada vez más caro.

Hoy el carácter familiar de Wente, la bodega familiar más antigua con operación ininterrumpida en los Estados Unidos, está más vigente que nunca con dos generaciones, la cuarta y la quinta, trabajando mano a mano en el proyecto, unos en elaboración, otros en la viña, otros aprendiendo los secretos comerciales, y ya van rumbo a la sexta, los nietos de Eric, que incluso gustan de correr caballos, una afición que casi pudo pronosticarle Carl, el fundador. La idea de sacar tiempo para hacer las cosas que más le apasionaban ha prevalecido en quienes le sucedieron y servido de combustible en la búsqueda que ellos prosiguen hacia la excelencia en todo lo que hacen.

“En primer lugar creo que tenemos una situación familiar única en Wente, pues mi padre fue el único heredero de su generación, así que no hemos tenido que lidiar con una familia grande y dispar. En adición a esa circunstancia, no se forzó a nadie a integrarse al negocio, nuestro lema ha sido que cada quien participa si lo desea y hasta ahora todos los miembros de la familia han decidido hacerlo. Por último, nuestra máxima es la de consensuar las decisiones y compartir con unanimidad una visión básica del negocio”, resume Eric Wente sobre los elementos que convierten a la bodega Wente en una empresa familiar reconocida como productora de vinos de la más alta calidad.

“Nuestro legado es entregar nuestra operación en una posición firma a la próxima generación, organizada para un éxito continuado como empresa propiedad de una familia”, concluye.

 

17 de noviembre de 2018. Todos los derechos reservados ©

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Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos: Wente Vineyards Web y Facebook (C)