Café Bello
Un excelente ejemplo de la revalorización de la agricultura se da en el café, con un surgimiento cada vez mayor de nuevos caficultores y elaboradores de café de primera calidad en Puerto Rico, que buscan recuperar el prestigio del que antaño gozó la Isla como productor de uno de los cafés más cotizados del mundo. Lo interesante es que el esfuerzo en esa dirección viene ahora capitaneado por una generación de jóvenes que se han interesado en el café como industria y que, además de elaborarlo y producirlo, están haciendo importantes esfuerzos por darlo a conocer a nivel internacional, logrando exportarlo, pero también ayudando a que el paladar del consumidor boricua aprenda a apreciar y a preferir la excelencia del café de primera calidad por sobre otras consideraciones de precio.
Pero algo interesante también es el interés que este café está generando en el mundo del vino, con el cual comparte tantas similitudes, terruños, variedades, catas, y la más reciente, distribuidores. Estos cafés gourmet se elaboran con 100% variedades arábicas, la mayoría de cafetales propios, pero también un porcentaje comprado a caficultores, que se han asegurado de mantener unos importantes controles de calidad. El proceso comienza en viveros, donde germinan los árboles de café que luego se transplantan a fincas a una altura de unos 3 mil pies (poco menos de mil metros). Despulpe, secado y tueste, son tres etapas del proceso de elaboración del café una vez recolectado y luego de un minucioso proceso de selección, para descartar los granos que no sean de óptima calidad.
En Puerto Rico se consumen 380 mil quintales de café al año, de los cuales sólo 180 mil se se producen en el país. 200 mil quintales tienen que importarse de otros países para suplir la demanda local. El centro montañoso de la isla es corazón de la producción cafetalera, con municipios como Adjuntas, Lares, Ciales o Maricao, como centros destacados.
Al igual que sucede en el mundo del vino en distintas zonas productoras, uno de los grandes retos de la industria cafetalera, al igual que sucede con la del vino en otros destinos, es encontrar mano de obra dispuesta a trabajar la tierra, particularmente para asegurar un relevo generacional que asegure la continuidad de los cultivos. Es mucho más fácil hallar personas jóvenes dispuestas a trabajar en las áreas de comercialización, que en las tareas agrícolas que requiere la producción tanto de un gran café como de un gran vino.
Fotos cortesía de R&J Jong y Café Bello.
Encantados con el café
Las semillas de café llegaron de Africa a Puerto Rico en la primera mitad del siglo XVIII y durante el XIX se expandió su cultivo comercial, en gran medida de la mano de la inmigración corsa que se había afincado en la Isla, llegando a convertirse en una de las principales cosechas del país, gracias a la óptimas condiciones climatológicas que hallaba en la montaña caribeña y a la posibilidad de cultivarse en minifundios donde se cultivaban otros productos agrícolas.
A pesar de que las plantaciones fueron devastadas por varios huracanes a fines del siglo XIX, y de que con el proceso de industrialización que arropó al país en la mitad del siglo XX la industria cafetalera decayó, en su última década una generación de jóvenes visionarios y orgullosos de su patrimonio agrícola decidió rescatarla, reenfocándola hacia la exportación de cafés de alto calibre. No tardó la aceptación internacional en repercutir en el mercado local, con lo que nuevos proyectos cafetaleros comenzaron a proliferar.
Una de esas empresas es Encantos de Puerto Rico, que a pura juventud ha ido creciendo con el café, y también haciéndolo crecer para que cada día más lo disfruten. La flor del café, blanca como nieve, florece en una hacienda en Jayuya, muy cerca del cerro La Punta, la montaña más alta de Puerto Rico, de ahí que se beneficie de la climatología que ofrecen sus tres mil pies de altitud, suelos fértiles y agua pura.
Allí se cultivan las especies robusta, que se caracteriza por ser fuerte, amarga y perfumada, y arábiga, ésta última más resistente, con granos que ofrecen un café de sabor suave y delicado, y menor contenido en cafeína que la primera. Entre sus variedades la típica, de bajo rendimiento y predominante en Puerto Rico; la bourbon, una mutación natural de la típica que produce mayores rendimientos pero una cosecha más breve; y la caturra, una variedad de la bourbon que tiene un sabor pleno, y que crece bien a gran altitud aunque exige muchos cuidados. “Se tardan unos tres años desde que se planta el café hasta que está en condición de producir”, explicó Angel Santiago, joven presidente de Encantos.
Las plantaciones de Encantos son muy organizadas porque se crearon especialmente para el proyecto. Son además sensibles al entorno y se enmarcan con un bosque auxiliar, en el que unen esfuerzos con el Departamento de Recursos Naturales de Puerto Rico para generar sostenibilidad del ecosistema. Santiago comenta que semestralmente se evalúa el terreno, para ir determinando sus tratamientos y modificando los nutrientes que se le brindan conforme la manera en que se absorban. Además propician la rehabilitación de los presos, contratándolos para trabajar en la recolección del fruto del cafeto, separados del resto de los colaboradores, pero recibiendo igual paga.
Arriba, café sin tostar y café tostado. Abajo, Víctor Santiago, maestro tostador. Derecha abajo, Café Encantos. Fotos propiedad de Viajes & Vinos. Prohibida su reproducción.
Además de café en su finca hay plantadas chinas (narajas) Valencia que producen un dulcísimo jugo natural, y también de manera experiemental, higos, fresas y mandarinas. El cambio climático ha dejado sentir su impacto en el cultivo de café, con zonas en que la recolección, que tradicionalmente corre de noviembre a febrero, ya puede incluso iniciarse en agosto. Además, algunos caficultores, como Encantos, se han visto obligados a cambiar sus horarios de recogida, a horas más tempranas del día.
Recolectado el café de la finca, despulpado, lavado y secado, es en la torrefacción de Encantos en la zona metropolitana, donde se afinan los trazos de su personalidad durante el principal proceso al que se someterá: el tostado. “El tipo de tueste varía conforme el grano y los intereses del cliente. Si busca notas más amargas, u otro tipo de característica, siempre tomando en consideración las propias del café que se cultiva en Puerto Rico”, detalla Víctor Santiago, encargado del ejercicio clave en la elaboración del café. Los granos verdes se someten a intensas temperaturas a fuego vivo, y una vez alcanzado el objetivo del tueste, éstos se depositan en un amplio contenedor, donde se hacen girar mientras un abanico los refresca, sin alterar las características adquiridas en el tostado. Los granos luego se distribuyen por conductos diversos, dependiendo de si se molerán o utilizarán tal cual.
Hay mil formas de disfrutar el café, caliente, como frappé, con sabores o con leche. El café se utiliza no pocas veces en platos dulces, pero hay aún un mundo por descubrir en su uso como ingrediente o sazón de platos salados. Algunos cocineros lo emplean, como el reconocido italiano Carlo Cracco, quien elabora un risotto con erizos de mar en el que se utiliza el café molido como agente integrador, contrarrestando la grasa de su cremosidad, y la dulzura y aromaticidad de algunos ingredientes, como el erizo de mar, añadiendo una nota amarga. Otros, también lo utilizan en salsas, y para crear cortezas en las carnes.
¿Cuál es el denominador común del café y el ron? El orgullo y pasión que por su herencia sienten los que están llamados a continuarla.




