



Confesiones de
Alejandro Fernández, maestro de la tempranillo
Tiene el coraje de pararse frente a un alto funcionario del gobierno español y señalarle que había olvidado mencionarle en el discurso donde hacía inventario de los grandes hombres que habían transformado al vino en España en el siglo XX. No fue el único mito a quien el discurso del funcionario no recordó incluir. Pero, sin duda, Alejandro Fernández es uno de los pocos que tiene autoridad suficiente para darse el lujo de poner en cintura a quien haga falta. El talante con que reclamó sus bien adquiridos y merecidos derechos retrató perfectamente su imagen. Un hombre con carácter, con orgullo, dignidad y valentía, que luego de poner los puntos sobre las íes, recuperó rápidamente la perenne sonrisa que pinta su rostro, el humor y simpatía con que sazona de divinas anécdotas sus vinos, y, como si nada hubiera sucedido, siguió divirtiéndose con sus amigos.
Más de 30 años antes, cuando la Ribera no era realmente la Ribera de hoy sino más que todo Vega Sicilia, cuando muchos arrancaban viñas para plantar remolacha, Alejandro, carpintero, agricultor, vendedor e inventor de maquinaria agrícola, empezó a apostar en grande por la vid, y a hacer formalmente para otros el vino que hacía para los suyos y que estaba convencido podia alcanzar el potencial que él claramente vislumbraba. Fue en 1972. Un vino en Pesquera de Duero que marcaría un antes y un después en la internacionalización del vino español pero, sobre todo, en el gran renacimiento de una zona demarcada, la Ribera de Duero, como productora de grandes vinos del mundo. Y el nacimiento de un mito, el Tinto Pesquera.
Vive un romance fiel con la tempranillo, y no quiere cuentas con otras uvas. La domina con maestría sabiendo extraer de ella un inimaginable desfile de matices que la reinventan en cada uno de los caldos que elabora. Para Fernández es la cepa que mejor expresa la Ribera del Duero, esa región que él vio convertirse en denominación de origen cuando ya Pesquera se había labrado un nombre. “La evolución ha sido impresionante. De 8 bodegas hoy hay 250. Muchos han seguido nuestros pasos y los consumidores han ido evolucionando al mismo tiempo que la región”, señala.
De esas tierras ha sabido extraer las particularidades de sus suelos en cada uno de sus maravillosos vinos, impresionantes de fruta, con notable estructura y pletóricos en concentración, pura tinta, vinos que pintan los dientes de púrpura profundo. En Ribera, dos bodegas, su Pesquera y Condado de Haza, que llegó en los 80. Y todo, con apego al terruño y un estilo de elaboración como se hacía antaño.
Alejandro es hombre de envergadura y madureces. No cree en los vinos que se sacan al mercado muy temprano, porque piensa que, al menos los que él hace, comienzan a revelarse a partir de su cuarto o quinto año. Hay que sacarlos cuando el vino dice está listo, no acelerar su puesta en venta. Y tiene razón con los suyos. Porque los del Grupo Pesquera son potentes y con madurez pasan de potros que pueden parecer salvajes a purasangres, caballos de paso fino que se mueven en acompasado vaivén por el paladar.
Cada uno de los vinos de Fernández tiene personalidad propia pero con denominadores comunes de fruta, más evidente en unos que en otros, concentración, gran potencial de añejamiento y una extraordinaria aptitud como acompañantes de comidas. Es como instruye que hay que disfrutarlos: “con comida y con amigos”.

Para Fernández un gran vino tinto va con todo tipo de plato, desde el apertivo hasta el postre. Los suyos, como el Condado de Haza, le van espléndidamente a los de chocolate. Y los manchegos, entre los favoritos de muchos catadores, pronto lo demostrarán con un maridaje de postín, ya que la bodega El Vínculo próximamente establecerá un restaurante que estará a cargo del reconocido cocinero Manolo de la Osa. (En la foto, Pesquera 1987)

Alejandro está lleno de Esperanza, una prima con la que se casó hace casi medio siglo, y que a lo largo de ese derrotero ha sido cómplice, empuje, quien le prepara pichones y perdices con uvas pasas de Pesquera y hasta le colabora haciendo vino. La grandeza de un gran hombre estriba en saber reconocer con humildad la aportación que otros hacen a su vida, como se la reconoce Alejandro a Esperanza en cada oportunidad que halla para promulgarlo. Van unidos indisolublemente en un vino, Alenza, que honra no sólo sus nombres, sino la andadura que han hecho juntos por la vid y la vida.
El secreto de la personalidad de sus vinos lo marca en su particular manejo de la vendimia y de la elaboración: una misma uva, un mismo método y su adaptación a zonas diversas. Juega con la tempranillo en barricas de roble americano y/o francés, y no filtra, para que se mantengan en copa y boca todos los secretos que le inyecta al vino.
Pero el maestro de la tempranillo no sólo fue pionero en la Ribera. Luego de consolidados allí Pesquera y Condado de Haza, emprendió nuevas aventuras en la zona de Zamora y en La Mancha, una denominación de origen que también se revitalizó a partir de su llegada a fines de los noventa, casi como un toque de rey Midas, y cuya cosecha 2007 cree ha sido la mejor de su historia. “Son bodegas mucho más jóvenes, de fines de los noventa, y es ahora que empiezan a triunfar al nivel de Pesquera”.
Hoy el grupo de bodegas del Grupo Pesquera refleja la historia de amor a la vitivinicultura que el tiempo ha ayudado a perfeccionar a lo largo de tres décadas de historia. Dehesa de la Granja, en Toro-Zamora, donde Fernández elabora sus vinos más personales; El Vínculo, en plena ciudad manchega de Campo de Criptana; y sus hijas mayores en la Ribera del Duero. “De momento pienso enfocarme en ellas, que ya tenemos muchas cosas, y no contemplo expandirme a otras zonas productoras”, comenta.

Tiene siete nietas y un nieto de poco más de un año por el que se le cae la baba, y cuyos inmensos ojos azules le acompañan en una foto que guarda con mimo en su cartera, y que tiene alucinados a todos en la familia. Sus cuatro hijas y dos yernos están activamente involucrados en las bodegas, pero con quien más convive en bodega es con Eva, la que ha seguido sus pasos en enología, la que le alivia la carga de muchas responsabilidades en vendimia y con quien, al igual que hizo con Esperanza, no descarta hacer un vino en conjunto algún día.
Después de 20 años viniendo a Puerto Rico, Alejandro no cansa. Quizás en esta visita se le ha percibido más joven que nunca. Lleno de ilusión por compartir con amigos, por hacer muchos nuevos, y con una visión del mundo y del mundo del vino sorprendentemente actual, producto, sin lugar a dudas, de la pericia y autoridad que brindan los años de experiencia.
Para celebrar esa vida, promete una próxima cata de toda la trayectoria de esos 20 años en copa. Algo importantísimo en una época de vinos mediáticos, muchos de fama efímera, que cautivan al instante pero no necesariamente sobreviven en el tiempo. Los vinos, como dice otro gran mito del vino español, deben de hacerse como si sembrara un árbol, con la visión de que perduren. Y ahí radica la grandeza de Alejandro Fernández, en la consistencia de hacer grandes vinos hace treinta años y continuar elaborándolos hoy.
Por lo pronto, sigue incombustible, con Esperanza y con la esperanza de seguir haciendo, por mucho más tiempo, los grandes vinos que hoy siguen manteniendo el cartel de grandes, reflejo de la grandeza de espíritu de quien los elabora.
Tres catas, tres entornos, tres menús y una misma excelencia y consistencia en vinos
Luego de una intensa semana de actividades por los Estados Unidos, Fernández aterrizó en el Caribe, donde vivió en vivo y directo la fuerza de las inclemencias del tiempo en República Dominicana, pero la más suave pero igual de intensa satisfacción de compartir con antiguos y nuevos amigos acumulados luego de 20 años de visita a Puerto Rico. Tres actividades protagonizaron la visita de Fernández a este destino: una cata de prensa en el Restaurante Ramiro’s, una cena de maridaje en Marisquería El Galeón, y una fantástica cata que condujo la Asociación de ex-alumnos del Colegio San Ignacio, a beneficio del fondo de becas de la institución, cuyos becarios representan hoy el 18% de la matrícula del Colegio.
Fue la primera vez que un bodeguero de tal envergadura visitaba la institución, acontecimiento doblemente histórico porque también la primera vez en que los vinos del Grupo Pesquera se cataban en una institución académica. Para Fernández eso tuvo un significado emotivo, no sólo por haber quedado encantado con el ejercicio de cata, sino por lo que significaba el que un hombre que no pudo asistir a la escuela por haber tenido que trabajar desde los 14 años tuviera a sus vinos como protagonistas del plantel. “Yo no pude estudiar, me habría gustado hacerlo. A esa edad empecé a labrar el campo con mulas, porque en esa época mis padres necesitaban que les echara una mano con el trabajo”, recuerda.
Desde hacer recomendaciones sobre sus beneficios a la salud, “tengo 75 años y bebo en promedio una botella diaria y nunca he tomado una aspirina”, contar los secretos para obtener la mejor uva para un vino, hasta detallar la elaboración de los vinos catados, Alejandro guió a unos 70 fascinados ignacianos en un recorrido de una noche inolvidable, cuyo mejor recuerdo fue el alto número de las copas que quedaron vacías. “Una copa vacía es signo de que un vino gustó. Lo importante del vino es sencillo: si me gusta o no, y si éste me gusta más que aquel otro”, explica.

A pesar de sucederse en momentos y lugares diversos, en todas las oportunidades de catar el vino, cada una de las etiquetas mostró una impresionante consistencia en aromas, carga tánica y matices en boca lo que transmitió un claro sentido de identidad y personalidad de cada vino.
Pero sobre todo mostraron una excelente aptitud para el maridaje, como sucedió con el menú que elaboró Marisquería El Galeón para su cena de degustación, en que absolutamente todos los platos fueron como guante de seda a cada uno de los vinos escogidos para acompañarlos. Platos que también mostraron la versatilidad de estos tintos, que no necesariamente se circunscriben a potentes asados o guisos castellanos.
Varios días de catas dejaron una muestra de excepción de algunos de los vinos que elabora el Grupo Pesquera.

Pago del Vicario de visita
A la derecha, Kiko Delgado (Candelero), Franco Busó (Delirio), José María Castañeda, Marcos Mercado (Strip House), Kike Morales (Divino)
Ni el mal clima pudo detener las actividades que organizó Quintana Hermanos para dar la bienvenida a Puerto Rico a José María Castañeda, de la manchega Pagos del Vicario. Como parte de éstas se celebró una cata a ciegas y de maridaje en el restaurante Candelero, del complejo hotelero-residencial Palmas del Mar, en el que se dieron cita, además de enófilos, los mejores sumilleres del patio, para una singular competencia.
Bonny Doon: los vinos para Charlie Trotter’s
Desde 2002 Boony Doon se apuntó a las prácticas biodinámicas, cada día más en boga en la vitivinicultura. Y además de las del Ródano, la bodega se apuntó también a la plantación de variedades italianas como la nebbiolo, la barbera, el pinot grigio, el dolcetto y freisa.


La primera cena de degustación que se hizo en Charlie Trotter’s fue con vinos elaborados por Randall Grahm. Radical, excéntrico, Grahm fue uno de los primeros bodegueros que en la década de los 70 apostó por el concepto terroir en California, lo que le convirtió casi en un llanero solitario del vino.
A ese lugar llegó en un recorrido que inició en 1979 para hallar el gran Pinot Noir Americano, y que desembocó en un inesperado nuevo mundo de variedades italianas y del Ródano francés, gracias a la buena receptividad del clima templado californiano a variedades mediterráneas.
De formación en artes liberales, sus pasos en el mundo del vino se iniciaron pasando el mapo en una tienda de vinos en Beverly Hills. Pero además de mapear, allí pudo probar grandes vinos, lo que lo transformó en un verdadero fanático de la vid. Decidió estudiar formalmente para hacerlos y hacer realidad su sueño obsesivo de conseguir ese gran Pinot Noir.
Así estableció en 1983 Bonny Doon Vineyard en Santa Cruz, emprendiendo una historia de idealismo e innovación, que de aquel soñado Pinot Noir ha sabido sacar partido a otras cepas, gracias a innovadoras técnicas de producción y comercialización.
Ca’del Solo, que elabora predominantemente monovarietales de moscatel, nebbiolo y albariño, como el que acompañó las ostras con pistacho verde y cítricos que elaboró Ferrán Adrià en la cena del 20 aniversario de Charlie Trotter’s. Este plato opacó al albariño californiano, que evocó notas aromáticas a los albariños gallegos, pero con discreción y sin la complejidad o la capacidad penetrante de los españoles, a pesar de tener en su cupaje un porcentaje interesante de la aromática loureiro y una pizca de treixadura. Esta línea proviene de Monterey County y de San Benito County.
Bonny Doon Single Vineyard Series, que resalta a la Syrah, y produce vinos tan interesantes como el Syrah “Le Pousseur”, que conformó el mejor maridaje de la noche con el plato confeccionado por Thomas Keller. Proviene del Central Coast.
Además de sus proyectos en diversos puntos de California, Grahm, tiene otros en Francia, el sur de Italia, y Alemania.
La bodega tiene varias líneas principales,que se caracterizan por el uso de cierres de tapa rosca, entre las que se destacan:
The Cigare Family, una línea que honra a las cepas del sur del Ródano, como Le Cigare Volant (mourvèdre, syrah, garnacha y cinsault), Le Cigare Blanc (garnacha blanca y roussanne), Vin Gris de Cigare (garnacha tinta, syrah, roussanne y garnacha blanca) y Le Vol des Anges (roussanne y garnacha blanca). Esta línea proviene del California Central Coast.
Uno de los ofrecimientos más interesantes del congreso Andalucía Sabor, celebrado a fines de septiembre en Sevilla, fue una mesa redonda que congregó a los diseñadores sevillanos Victorio & Lucchino (moda), a Ferrán Adrià (cocina), a Antonio Cruz (arquitectura) y Jaime Hayon (diseñador) en una reflexión sobre la vinculación entre diversos métodos creativos en disciplinas como la moda, la arquitectura, la gastronomía y el diseño de interiores.
Gastronomía y diseño, juntos en Sevilla
Una de las reflexiones más interesantes giró alredor del diseño de restaurantes y aspectos tales como la estructura y ambientación de los comedores, que a veces no reflejan el tipo de cocina que en ellos se sirve. Así, uno de los señalamientos de los especialistas incluyó el pensar en cómo debería de ser el restaurante del futuro a nivel de diseño, de modo que refleje la propia evolución de la gastronomía, y el cambio que ha habido en la percepción de ésta. Por ello se sugirió evaluar una mayor vinculación entre aspectos como la cocina de vanguardia y el diseño de los comedores de los restaurantes, que, en muchos casos ha permanecido inalterado a lo largo de los años.
En este sentido, se equiparó el salón comedor al mundo de los complementos, y se determinó de que en un buen restaurante el entorno y los elementos decorativos son tan importantes como el tener una cocina actual, moderna y refinada. Adrià, por ejemplo, vislumbró una mayor aproximación de la cocina al comensal, simplificando el entorno material y humano de la mesa. En esto coincidió Hayon, anticipando que como en los bares de sushi, se verá más al comensal llegar a la comida, que vice versa.
El sentido de inmediatez que procede de la cocina, y su combinación con el mundo de la creatividad fue otro asunto relevante. Al igual que las colecciones de moda, que se presentan por temporada, los menús también se desarrollan por épocas. Pero a diferencia de las creaciones de alta costura, que son mucho más perdurables, las creaciones de alta cocina, son más efímeras y no aguantan de igual modo el paso del tiempo. En moda perdura un estilo, un sello más clásico que en la cocina. Del mismo modo se resaltaron otros paralelismos entre ambas como la armonía que requieren las creaciones, el sentido del color, y la importancia que se asigna a las presentaciones.
Pero quizás más llamativo fue el hecho de si la cocina podia ser parte de lo que se considera diseño artistico, una reflexión de actualidad a raíz de la participación de Ferrán Adrià en la feria Documenta Kassel. El panel resaltó que el traslado de conceptos estéticos al tema alimentación no es nuevo, y que los cocineros hoy día además de crear cosas que gusten, deben elaborar conceptos que generen reflexión y emociones, para lo que deben de tener una cultura y una visión distinta que les permitan crear conceptos del mismo modo que lo hace un diseñador de moda.
Valdeorras, revelación de alta gama
Tercer capítulo de la serie "Galicia en tinto y blanco"
Valdeorras es una comarca con extensa historia resultante de la fertilidad de sus tierras, así como de su situación geográfica que la convirtió en un tránsito natural para entrar a Galicia. Ubicada al noreste de la provincia de Orense y el pleno valle del río Sil, fue una de las zonas con mayor presencia romana, y durante este tiempo una ruta importante que la atravesaba, la Vía Nova, unía a la portuguesa ciudad de Braga, con la castellana de Astorga.
Además de construcciones arquitectónicas y obras de ingeniería, los romanos sentaron otras bases en la zona, las del vino. Desde entonces y a lo largo de la historia el vino fue un bien preciado, moneda de cambio e incluso de pago de impuestos y promesas religiosas.
Pero al igual que sucedió con otras zonas españolas, Valdeorras sucumbió a la plaga filoxérica a fines del siglo XIX, lo que ocasionó la pérdida de gran parte de las variedades autóctonas. Por ello luego se plantaron las de alto rendimiento, como la palomino o la garnacha. En la década del 1970 se establece un proyecto de recuperación de variedades, el Plan REVIVAL, de las que hoy ya se ven excelentes frutos. Así regresan para recuperar su potencial algunas tintas como la albarello, la merenzao o la negreda, y una gran protagonista blanca: la godello.
La godello es una variedad noble, de pronta maduración, lo que propicia una rápida elevación de su contenido alcohólico por el alto contenido de azúcares y el riesgo de pasificación. Es poco terpénica, es decir, tiene poca aromaticidad, manifiesta gran volumen en boca, cremosidad, profundidad, excelente acidez, notas minerales y buena capacidad de aguante en botella. Sus vinos son austeros en su juventud, abriéndose con el tiempo y hoy se han convertido en las referencias de blancos de alta gama en el panorama vitivinícola español, ya que la cepa permite realizar sobremaduraciones y trabajos en lías y maderas, como comienzan a elaborarse en la denominación, para crear vinos con mayor volumen y complejidad en boca.
El redescubrimiento de su potencial y, en consecuencia, la consolidación de Valdeorras, ha sido un camino por etapas, entre las que se destacan tres protagonistas, en tiempos diversos: Pepe Hidalgo, de Guitián; Joaquín Rebolledo, y más recientemente a Rafa Palacios y su vino As Sortes, blanco con alma de tinto, que ha dado el empuje final para el reconocimiento de la denominación como productora de vinos a los que hay que prestar mucha atención.
Topografía, vides y reglamentos
Valdeorras se enclava en valles no muy amplios, de pendientes poco pronunciadas. Pero junto a profundas cuencas fluviales conviven alineaciones montañosas de gran altitud. Su clima es mediterráneo con influencia atlántica, de inviernos fríos, veranos cálidos, suaves otoños y primaveras, ideal para la elaboración de vinos secos de primera calidad a una altura que supera los 450 metros. Clima, suelo, variedad de uva y técnicas de cultivo son los factores determinantes de la calidad de los vinos de Valdeorras.
Los suelos son predominantemente pizarrosos, no en balde Valdeorras es la mayor exportadora de pizarra en Europa. Los pizarrosos son suelos poco profundos, otorgan a los vinos gran potencial alcohólico y marcado carácter mineral. La variedad de suelos es una de las ventajas vinícolas de la región y además de éstos hay suelos calizos, propicios para tintos con crianza y guarda; graníticos, para buena graduación alcohólica, acidez equilibrada y carácter floral; arcilloso-ferrosos, que promueven una alta graduación alcohólica; y aluviales, con gravas, arenas y arcillas.
En 1945 el Ministerio de Agricultura español propuso a Valdeorras como zona demarcada de cultivo, aunque no fue sino hasta 1977 que se define el reglamento del su Consejo Regulador. Hoy día en la zona hay 27 mil parcelas, 2,064 viticultores, 1,360 hectáreas de viña y 44 bodegas embotelladoras adscritas a la denominación.
La producción de vinos en Valdeorras se divide a partes iguales entre blancos y tintos. Las variedades blancas preferentes para elaboración son la godello y la dona branca, y como variedad autorizada está también la palomino. Se han hecho ejercicios experimentales con la treixadura, y actualmente con la riesling. Entre las tintas preferentes se destaca la mencía, una variedad, que se ha fortalecido, ya que se estaba dejando de producir en la zona para trasladarse al Bierzo. Además de ésta, la merenzao, la sousón o la albarello, y entre las autorizadas, la garnacha y la tempranillo.
Valdeorras es la única denominación de origen gallega que cuenta con un reglamento de crianza para tintos, mixta madera-botella, de dos años naturales a partir de la elaboración. Además de esta categoría de envejecimiento, las contraetiquetas pueden indicar si los vinos son monovarietales de godello o de mencía.
Catas en el Consejo y en bodega
Una cata en el Consejo Regulador permitió degustar y valorar 23 muestras de tintos y blancos elaborados en Valdeorras, godellos y mencías en diferente nivel de expresión. Desde los vinos frescos y jóvenes, a los más glicéricos en boca y con notas almendradas y tostadas por sus crianzas sobre lías o en barrica. Entre las buenas sorpresas de la cata, un complejo, untuoso y a la par fresco godello A Coroa; un más fresco Viña Abad; un deliciosamente almendrado Arbore Galiciano, godello envejecido por tres años en roble francés de 500 litros, y con 8 meses en botella que se espera pronto haga su entrada al Caribe; un Viñaredo Godello y otro Mencía Barrica; y un excepcional Joaquín Rebolledo Mencía Reserva de 2002, pura mermelada de frambuesa y mora en boca.
Acompañantes de excepción fueron Fernando González y Cristina Murga. González es propietario de Viña Somoza, un muy buen Godello disponible en el Caribe (La Bodega de Méndez), y bodega que tiene como curiosidad el hecho de haber sido fundada por pilotos de la aerolínea Iberia, que visitaban con frecuencia el Caribe. En Viña Somoza se elaboran ocasionalmente, además, vinos kosher, bajo la supervision de rabinos.
Por su parte, Murga es la enóloga de Adegas Dia e Noite (Plaza Cellars), responsable por vinos deliciosos como el Arbore, y el muy demandado Danza, un espumoso de Godello elaborado siguiendo el método tradicional de champán que ha causado sensación por su estructura y buena burbuja, y que se espera pronto también incursione en el Caribe.
Valdeorras fue la primera zona gallega en iniciar la vendimia en 2007. Durante la visita que realizó Divinidades y Viajes & Vinos a invitación de la Cámara de Comercio de Lugo, en dos bodegas, Joaquín Rebolledo y A Coroa, ya se vivía en toda su intensidad.
Joaquín Rebolledo (distribuye B. Fernández) fue un abogado valdeorrés apasionado del vino que comenzó a elaborar caldos que reflejaran un gusto personal. Fue pionero en la elaboración de vinos con crianzas de madera. A su muerte, su legado fue asumido como una verdadera Veuve-Clicquot por su esposa Esther, quien pasó a custodiar con pasión absoluta toda la herencia de Rebolledo. En sus tintos usa, además de la mencía, uvas como la merlot, la cabernet sauvignon o la tempranillo. Comenzando en la cosecha 2007 la bodega espera lanzar un Godello Barrica. La bodega elabora, además, un aguardiente vella, Conde Rebolledo, que con notas intensas a mieles y caramelo, pasa 25 años en barrica (ver Oruxo de Galicia en www.viajesyvinos.com).
Por su parte, A Coróa, es una de las bodegas vinculadas al mundo subterráneo de Valdeorras, y herencia de una dote de una joven de la zona principios del siglo XIX, a pesar de que hay evidencia de que allí se producía vino desde la época romana. Su blanco excepcional iniciaba vendimia con la llegada de uva de sus viñedos de producción integrada, con un objetivo de trazabilidad de la viña a la bodega. Uno de sus propietarios, Roberto Fernández, guió por una interesante degustación de mosto de Godello, fresco, puro y dulcísimo, antesala a un vino muy bien valorado por la crítica y en la cata del Consejo Regulador.

Los vinos de Valdeorras buscan ser una buena propuesta precio-calidad en blancos. La exportación es la asignatura pendiente de la denominación. Hoy día sus caldos llegar a países como Estados Unidos, Inglaterra, Suiza, Bélgica, Luxemburgo, México o Puerto Rico, donde hay marcas disponibles como Viña Somoza y Valdego (Méndez); Guitián (V. Suárez); Joaquín Rebolledo (B. Fernández) y Valdesil, Pezas de Portela, Pedrouzos y próximamente Monte Novo (Bodegas Compostela).
Para rutas de vinos en Valdeorras, una zona idónea con mágicos enclaves para el turismo rural: info@viajesyvinos.com
Única noche de vinos argentinos
La convocatoria la definía como noche única, pero también fue única noche, porque el paso de José Alberto Zuccardi por Puerto Rico procedente Caracas, donde fue uno de los protagonistas del Salón Internacional de Gastronomía, fue tan breve, que esa noche fue prácticamente la única oportunidad de conocerle y tener el privilegio de ver servidos de su propia mano los caldos con que deleitó a la numerosa concurrencia que se dio cita en Bodegar para conocerlos.
Como si se tratara de la Z de El Zorro, la Z de Zuccardi ha sabido marcar el panorama vitivinícola internacional como una de las pesonalidades más influyentes del vino argentino y cosechador, además de vides, de numerosos laudos por el mundo entero. Afrutado y refrescante blanco de torrontés, novedoso tempranillo, cosechas tardías y vinos fortificados como su Malamado integraron el inventario que presentó a los boricuas, dejando demostrado que Argentina es más que malbec.
Por ello, desde fines de los 90 Zuccardi fue una de las bodegas argentinas que apostó por el desarrollo de variedades no tradicionales, plantando cepas como la ancellotta, la aglianico y la alicante, expandiendo el inventario a más de 35 cepas. La bodega, pionera en la introducción de la viognier en la Argentina, ve un potencial interesante en otras nuevas cepas como la caladoc, la marselan o la touriga nacional.
Junto con Zuccardi, Héctor Durigutti, jovencísimo, pero a pesar de ello uno de los enólogos argentinos más respetados, que borda la malbec, pero también otras vides, como la deliciosa bonarda.Además de los suyos propios Durigutti es además responsable de los vinos Lamadrid Wines, fruto del esfuerzo de un arriesgado empresario puertorriqueño, Guillermo García Lamadrid, que se lanzó sin red por su amor al vino, y plantó además vides con bandera en Mendoza, para elaborar los ricos caldos con los que disfrutaron los asistentes a la ceremonia inaugural de las nuevas y amplias facilidades de Bodegar.
Con motivo de esa visita, Divinidades se honra en contar en esta edición como colaboradora invitada con la renombrada periodista gastronómica venezolana María Luisa Ríos, quien comparte con nuestros lectores su tête-à-tête con





Desde colocar sus vinos en los Mc Donald’s de Mendoza, en Argentina, hasta organizar un concierto musical juvenil en sus bodegas, pasando por asesorar a heladeros del vino y estimular el arte pictórico colocando las mejores obras de gastronomía en su galería e invitando a los turistas a recorrer sus viñedos en bicicleta y unirse a la cosecha, hace que veamos a José Alberto Zuccardi como todo un verdadero mago del vino.
Tuve la inmensa suerte de cenar en una mesa con él, mientras el mismo dirigía un delicioso banquete: Empanaditas argentinas, pancitos y señoritas de la casa mojados en ricos aceites de oliva y variadas carnes asadas a la leña, acompañadas de un delicioso cabello de ángel con nueces, todo regado con los mejores vinos que se producen en la Bodega Familia Zuccardi. Él mismo nos había guiado en el recorrido por los viñedos y las instalaciones de la hermosa bodega. Es un hombre que se detuvo no sólo a conversar con varios de sus empleados por diferentes razones, sino que también para señalarnos dónde estaba la Cruz del Sur en la noche que apenas comenzaba durante nuestra caminata entre los viñedos y la bodega. Es impresionante ver cómo las estrellas brillan de aquel lado de este continente sureño, como si estuvieran tan cerca de nosotros. Zuccardi nos dio lección de astronomía apuntando a las más populares constelaciones.
Sus viñedos son muy particulares. Nos explica que estos se adaptan, por supuesto, a las características de la región, el clima, el suelo y a la realidad socio-económica. Los parrales fueron desarrollados como una adaptación al sistema tradicional, que se transformó con el tiempo en el “Parral Zuccardi”. La distribución de alambres y el sistema de poda permiten una excelente exposición de las hojas al sol, garantizando la protección de las uvas en los horarios de mayor radiación solar, una muy buena ventilación de los racimos y una correcta iluminación y aireación de los mismos.
Actualmente Familia Zuccardi cuenta con casi 650 hectáreas de viñedos distribuidos en las fincas de Maipú, Santa Rosa y Vista Flores. Entre las cepas que cultivan figuran las de uvas blancas: Chardonnay, Torrontés, Chenin Blanc, Sauvignon Blanc y Viognier. Entre las uvas tintas: Malbec, Cabernet Sauvignon, Bonarda, Tempranillo, Merlot y Syrah.
Desde 1997 están plantando nuevas variedades destinadas a un proyecto de investigación llamado Santa Julia Innovación. Una amplia gama de varietales forman parte de este proyecto: Caladoc, Tannat, Ancellota, Aglianico, Barbera, Marsellan, Marsanne, Grenache, Gamay, Mourvedre, Pinot Bianco, Pinot Grigio, Bourboulenc, Touriga Nacional, Zinfandel y otros. "Estos varietales han permitido a la Bodega Familia Zuccardi brindar constantes innovaciones y descubrir aspectos del vino hasta ahora desconocidos por sus especiales características, así como vinos cuyo sistema de elaboración dan una especial expresión".
Familia Zuccardi comercializa todos sus vinos en Argentina y en el extranjero. Son los siguientes y con las características que nos dan en Bodega Zuccardi:
Zuccardi Zeta: Blend Super Premium de Malbec y Tempranillo, este corte ensambla la identidad regional y espíritu visionario. El tempranillo es una variedad que en la bodega comenzó a desarrollarse desde 1965, cuando nadie la consideraba como una uva para grandes vinos.
Zuccardi Q: Es la respuesta a los vinos top del mundo. Elaborados a partir de uvas especialmente seleccionadas y madurados en barricas de roble americano y francés por 12 y 14 meses
Santa Julia: Es la línea elegante, frutada y de estilo moderno. Entre los varietales tintos tenemos el Malbec, Merlot, Syrah, Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Sangiovese y Bonarda, y entre los blancos: Chardonnay, Torrontés, Viognier, Sauvignon Blanc y Syrah Rosé.
Santa Julia Roble: Con el mismo espíritu de los varietales, con al complejidad que aporta el roble, estos vinos son criados entre 6 y 8 meses en barricas francesas de tostado medio. Entre los tintos se destaca el: Tempranillo, Malbec y Cabernet Sauvignon roble, entre los blancos esta el Chardonnay roble.
Vida orgánica: Vino elaborado en forma orgánica y a partir de uvas orgánicamente cultivadas.
Fuzión: Avanzando con la tendencia europea de vinos de corte, se crearon especialmente estas líneas de cortes bi-varietal, tintos: Tempranillo/Malbec y blanco: Chenin Blanc/Chardonnay que se comercializan en Venezuela y permiten a los amantes del vino descubrir Argentina a través de sus cortes.
Santa Julia Extra brut: Espumante elaborado a base de un corte de: Pinot Noir y Chardonnay al que le sumamos Viognier como un aspecto innovador.
Alma 4: Espumante elaborado siguiendo el método champenoise, con variedades como Chardonnay, Pinot Noir, Viognier, Boyarda, entre otras. Este Chardonnay roble fue recientemente premiado con el máximo galardón en los Argentina Wine Awards 2007.
El otoño del hemisferio norte, anticipa la primavera del sur, ocasión donde el comienza el esplendor de la viña, en anticipo a una vendimia de posibilidades de servicios enoturísticos, para conocer lo mejor del vino de Chile y Argentina en una ruta de vino. Para rutas de vino en el Cono Sur, para viajeros individuales o grupos, desde un día a varios: info@viajesyvinos.com Viajes & Vinos representa a Magda Wine Tracks y Wine Travel Chile.
DiVINIbriefs
De visita Manuel Fariña
Uno de los más importantes actors de la DO Toro, Manuel Fariña (Ver Divinidades del 8 de agosto de 2007) estará de visita en Puerto Rico del 12 al 14 de noviembre con motivo del relanzamiento de su bodega y la presentación de su nueva imagen.